Bienvenidos al mundo de Seventeen.
Disfruta de las cortas historias que te traigo de cada integrante, porque todas merecemos soñar con ellos 🖤.
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Treinta y uno de diciembre del dos mil veinticuatro, justamente a las once de la noche, SeungKwan y yo nos encontrábamos en un bar en Londres.
Un plan completamente diferente al que habíamos acordado, haciéndolo mucho mejor al habernos topado con este bar que tenía un karaoke incluido y a petición de él, entramos para cenar algo y tomar unas cuantas copas mientras escuchábamos música.
—Canta para mí —le pedí señalando el pequeño escenario y él negó con la cabeza apenado, así que lo dejé ser para no presionarlo —. Nadie te conocerá aquí.
—Seguro lo subirán a redes sociales —me dijo intentando no parecer nervioso, pero había algo en sus ojos que me decían lo contrario, pero no le tomé importancia.
Continuamos deleitándonos con las canciones que algunos se atrevían a cantar con un tono desafinado, pero con la intención de divertirse un poco.
Yo los miraba con atención y me deleitaba con algunos que sabían cantar y tarareaba suavemente las palabras moviendo mi cabeza conforme a la melodía.
—¿Hay alguien más que quiera participar? —preguntó el que parecía ser dueño del lugar y yo miré a mi alrededor buscando al siguiente valiente que lo haría.
—Al diablo —escuché que Kwan dijo a mi lado y observé como terminó su vaso de lleno de whiskey de un solo trago y caminó hacia el pequeño escenario.
—¿Cuál es tu nombre?
—SeungKwan —le respondió con seguridad tomando el micrófono.
—¿Qué nos cantarás hoy?
—Le cantaré a mi novia, una canción de su banda favorita —respondió en un inglés arrastrado señalándome provocando que todo el mundo me mirara, se acercó al pianista y este le sonrió orgulloso cuando le murmuró algo al oído.
Pronto escuché los tonos del piano y reconocí la canción de inmediato, al pianista se le agregó un chico con un saxofón entre sus manos y yo quise llorar de inmediato.
Iba a cantar una canción de mi banda favorita.
A Million Love Songs
Take That.
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—Pon tu vida contra mi cabeza, ¿qué es lo que oyes? —cantó suavemente provocando que mi piel se erizara —, un millón de palabras tratando de hacer la canción de amor del año. Cierra tus ojos, pero no olvides lo que has oído —me señaló y la gente gritó con emoción, cantando junto a él al conocer perfectamente la canción de la banda de su propio país —, un hombre que está tratando de decir unas palabras; palabras que me dan miedo. Un millón de canciones de amor más tarde, estoy aquí tratando de decirte que me importas.
Mis lágrimas ya corrían por mis mejillas al escuchar su delicada voz dejándome ver los sentimientos más puros hacia mi persona. Con la emoción a flote me dediqué a observarlo a pesar de que todos lo miraban, él solo tenía puestos sus ojos sobre mí, dedicándome aquellas palabras que podía sentirlas en cada fibra de mi corazón.
Al terminar la canción, todos exclamaron llenos de emoción y aplausos por haber escuchado una de las mejores voces que tenía la industria del entretenimiento coreano, pero ellos ni siquiera lo habían reconocido al estar llenos de alcohol o emocionados por el ambiente del lugar.
—¡Aplausos para esa pareja enamorada! —pidió el dueño del lugar y todos levantaron sus copas para brindar por nosotros.
—¡Que vivan!
SeungKwan se acercó con las mejillas prendidas y yo me lancé a sus brazos para agradecerle ese pequeño, pero gigante, detalle que había hecho para mí.
Al salir del bar, caminamos tomados de la mano esperando a escuchar por las calles los gritos para recibir un año nuevo mientras yo recargaba mi cabeza en su hombro y él movía nuestras manos de adelante hacia atrás para que carcajeáramos.
—Te amo —me dijo de pronto, deteniéndonos bajo un faro de luz.
—Gracias por eso Kwan—le dije acariciando su mejilla —, te amo aún más.
—Te traje hasta acá porqué sé que es de tus países favoritos y tu banda favorita es de aquí... —dijo con nerviosismo y miró a su alrededor mientras relamía sus labios —. El reloj marca un año nuevo y yo quiero marcar un nuevo capítulo contigo.
Agachó su cabeza y se arrodilló sin importarle lo húmedo que estaba la banqueta. Buscó algo en su bolsillo y entre sus dedos pude ver un anillo delgado, levantó su mirada y noté las lágrimas en sus ojos rasgados.
—Puedo escribirte millones de canciones de amor, pero ninguna será lo suficiente para decirte cuánto te amo —dijo con la voz entrecortada y yo cubrí mi rostro llena de emoción al ver el acto que estaba haciendo —. Solo tengo dos palabras que decirte el resto de mi vida y eso podré hacerlas si me dices que si; que aceptas ser mi esposa y seguir mis locuras.
—Si —le dije de inmediato arrodillándome frente a él para tomar sus mejillas y pude sentir el temblor en su cuerpo —. SeungKwan...
—Te amo —me dijo de repente —, son las palabras que te repetiré día con día, segundo a segundo que pase, te lo diré millones de veces si tú me lo permites —levantó su mano para enseñarme el anillo y me pidió permiso para colocarlo, así que yo asentí y sentí como lo deslizó en mi dedo anular izquierdo, brillando levemente cuando la luz lo resplandeció.
No pude contenerme más y lo abracé, dejando salir un sollozo de felicidad en su hombro, apretándolo contra mi cuerpo y él hizo lo mismo.
—Planeaba hacer esto más romántico —me dijo al oído —, pero lo sentí necesario en este momento después de haberte cantado frente a desconocidos.
—Siempre cantas frente a desconocidos —le dije riendo mientras sorbía mi nariz —. No importa cómo lo hagas o dónde, siempre te diré que si, Boo. Eres el amor de mi vida.
—Te amo demasiado —me dijo soltando sus lágrimas que se mezclaron en nuestros labios cuando nos besamos con intensidad, a mitad de la banqueta, a media noche en un país extraño, pero aquello no nos importaba, porque solo importábamos nosotros dos.
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