🎊 Dino.

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Debido a su ajetreada agenda, los chicos apenas habían podido tener unos días libres para disfrutar con su familia en estas fechas de Diciembre. Chan pudo pasar Navidad con su familia mientras que yo había volado a mi país para estar con la mía. 

Decidimos que pasaríamos Año Nuevo en una cabaña que rentó a las afueras de Seúl. Su plan era estar todo el fin de semana tirados en la cama mientras comíamos y esperábamos para celebrar el inicio de un año. 

—Es increíble —le dije cuando entramos, observando el interior del lugar donde nos quedaríamos. 

—Lo mejor para ti —murmuró abrazándome por detrás para dejar su barbilla sobre mi hombro —. ¿Quieres dar un paseo? 

—¿Nuestro plan no era quedarnos en la cama todos los días? —le pregunté dejando caer mi cabeza hacia atrás para recargarme en su hombro, mirándolo de reojo. 

—Te traje aquí para que descanses y respires algo de aire limpio. 

—Lo podemos hacer desde aquí —reproché, pero sabía que él no lo dejaría pasar tan fácilmente y terminó arrastrándome a mi maleta para colocarme un calzado cómodo y salir para comenzar un recorrido entre la naturaleza. 

—¿No te gusta? —preguntó con nuestras manos entrelazadas, meciéndolas para provocar que mi cuerpo se moviera y yo carcajeaba. 

—Es bonito —respondí —, pero me gustaría estar en la cama contigo —le confesé y él se sonrojó. 

—Traviesa —murmuró desviando su mirada mientras seguíamos caminando. 

A la mitad del recorrido, escuchamos ruidos detrás de un árbol y de pronto en nuestra vista, apareció un cachorro con una de sus patitas levantadas sin poder caminar correctamente. 

—Channie —murmuré acercándome al animalito con cuidado y él enseguida trató de caminar para que lo acariciara —, está herido... 

—Ten cuidado —me dijo colocándose a mi lado —, le duele —señaló cuando se quejaba lentamente de dolor. 

—Ven, chaparrito —murmuré tomándolo con sumo cuidado y él aceptó mis caricias confiando de inmediato en nosotros —, no lo puedo dejar aquí solo. 

—Lo sé —dijo colocando su mano detrás de mi espalda —, eres veterinaria, no podrías hacerlo. 

Caminamos de vuelta a la cabaña y le indiqué a Chan que le buscáramos un lugar cómodo donde no pudiera moverse mucho y restringirle el movimiento. 

—Le cociné un poco de carne —me dijo llegando a mi lado y en cuanto el cachorro olfateó el alimento, movió su cola emocionado y comenzó a comerlo —. Seguro ha estado días sin comer —murmuró Chan con tristeza acariciando su lomo. 

—Parece que no tiene nada grave en su patita —le comenté —, se lastimó seguramente y no la apoya por miedo. 

—Me encanta cuando hablas como doctora —me dijo coqueto. 

Durante los días, vimos que no tenía nada en su pata y comenzó a correr emocionado por el lugar, brincando de lado a lado sintiéndose feliz y pleno. Ya no pasaba frío por las noches, tenía un lugar donde jugar y donde dormía con seguridad. 

—¿Nos lo podemos quedar? —le pregunté a Chan cuando estuvimos sentados en el sofá viendo al cachorro jugar un un calcetín —, empezar un año junto a él y comenzar nuestra familia —traté de convencerlo, pero él me miraba con seriedad analizando la situación —. Yo me encargaré de él y me haré responsable de los gastos médicos... 

—No es eso —murmuró abrazándome —, solo estaba imaginándome un futuro con él. Mi corazón está latiendo con fuerza de saber que esto puede ser el principio de nuestra familia. Quiero proponerte matrimonio y que seamos felices junto al pequeño y después tener nuestros propios cachorros. 

Carcajeé ante su referencia y me recosté en su pecho observando como el cachorro brincaba de lado a lado. 

—No recuperarás tu calcetín —le dije cuando vimos que lo destrozó por completo. 

—Mientras él se divierta, está bien —confesó y yo me alegré ante sus palabras —. ¿Qué sigue con él? ¿Tienes que hacerle algo? 

—Cuando regresemos lo desparasitaré y veré si es apto para vacunas, debe de tener como cinco meses aproximadamente. Unos estudios de sangre para ver si está saludable y tal vez una radiografía para descartar algo en su patita. 

—De verdad, me encanta cuando hablas así, con términos médicos —comenzó a dejar besos sobre mi mejilla, recostándome lentamente sobre el sillón —, tiene algo que me hace arder por dentro. 

—¡Chan! —carcajeé cuando dejó besos sobre mi cuello provocándome cosquillas. 

—¡Hey tú! —le gritó al perro —, cierra los ojos. Papá y mamá harán cosas que tú no puedes ver. 

El cachorro claramente no entendió y se acercó a nosotros subiéndose al sillón comenzando a pasar sus lenguas por nuestros rostros mostrándonos lo emocionado que estaba, provocando que los dos riéramos y comenzáramos a jugar con él. 

Habíamos empezado nuestra familia. 

 

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