WonWoo.

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Mi historia con WonWoo empezaba desde hace varios años; nos conocimos cuando él era trainee en su empresa y yo era una estudiante de intercambio. Comenzamos con una amistad sencilla que fue escalando hasta llegar a lo que éramos hoy en día, una pareja estable y llena de amor. Él era un idol reconocido, sin embargo nuestra relación no lo era. Permanecíamos con un perfil bajo y solo pocas personas sabían de lo nuestro, como sus compañeros de banda y nuestras familias.

Aunque su familia no estaba de acuerdo con nuestra relación ya que yo no era coreana, siguiendo los prejuicios que tenían sobre los extranjeros, pero eso no le importaba a WonWoo y me lo había demostrado con el paso de los años. Su empresa compartía la misma opinión que su familia y cada vez que podían, soltaban comentarios pasivo agresivos hacia nuestra relación y buscaban cada oportunidad para separarnos, lo cual nunca había sido exitoso para ellos.

O eso era lo que yo pensaba.

—Comenzarás pronto tu servicio militar —le dije a WonWoo mientras acariciaba su cabello.

—Lo sé, será un largo tiempo.

—Pasará rápido —murmuré sintiéndome afligida por ese hecho y traté de verle el lado más positivo.

—Cuando regrese, nos casaremos —dijo con un destello de emoción en sus ojos tratando de encontrar mi mirada llena de tristeza.

El día al fin llegó y él partió para servir a su país con la frente y el orgullo en alto. Dos años sin él, veinticuatro meses sin tenerlo a mi lado, setecientos treinta días sin sus besos, diecisiete mil quinientas veinte horas pasaría sin escucharlo.

Nuestra promesa había quedado grabada en el anillo que me había dado unas cuantas semanas antes de enlistarse. Nos casaríamos en cuanto él cumpliera el servicio obligatorio, seríamos felices por siempre.

Pero eso no existe.

Su familia se aprovechó de la situación y me manipuló psicológica, mental y físicamente para alejarme de él. La presión era demasiada. Su familia y la empresa buscaban la manera de separarnos y al final, lo lograron.

—No regresarás nunca a Seúl —murmuró su padre con rabia, mirándome con superioridad mientras yo yacía casi inconsciente en el piso después de los golpes que me habían proporcionado—. No te comunicarás con él.

—Si intentas acercarte a él, lo sacaremos de la banda —dijo su representante.

—No... —murmuré conteniendo mis lágrimas. No quería llorar frente a ellos. Limpié el rastro de sangre que salía de mi nariz y negué con la cabeza.

—Me encargaré de que se case con una mujer decente y de su nivel —dijo su madre mientras veía por la ventana—, ¿o quieres que también le demos una lección a él?

—No, no le hagan nada —pedí apenas pudiendo elevar mi cabeza—, por favor...

—Cumple tu parte. Te marcharás mañana temprano y jamás volverás. Olvídate que él existe o pondrás a tu familia en riesgo.

Partí al día siguiente, huyendo de las horribles personas que me habían partido el corazón en dos. Huí con miedo y me refugié en un pequeño pueblo de Alemania. Muy lejos de él. A miles de kilómetros de distancia y con la tristeza que reinaba mi cuerpo.

No quería que lo lastimaran y con ese pensamiento, traté de sobrevivir las primeras semanas en un país ajeno a mí; si él estaba bien, yo lo estaría. Tal vez él siempre debió estar con alguien mejor que yo, tal vez yo no era lo suficientemente buena para él y merecía algo que fuera a su nivel tal y como lo pedía su familia.

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