Él corrió hacia el baño donde le gritó a todos que se fueran del lugar. Uno de los chicos se puso altanero, pero Dean fue lo bastante agresivo para que esté se asustara y se fuera. Él tomó agua del grifo con ambas manos y se mojó la cara esperando salir de su trance, y este comenzó a desaparecer.
-Oye... -dijo el profesor que había entrado al baño con él - ¿Estás bien? Tus amigos me pidieron que viniera contigo.
Dean puso los ojos en blanco. ¿En qué podría ayudar su profesor nuevo y sus amigos? ¿Acaso ellos ven un fantasma todos los días? ¿Acaso podían hacer que él recuperará la cordura? Buscar ayudarlo es dejar que entrarán en un trauma que poco a poco lo consumía
-¡¿A usted qué le importa?! -dijo él con un grito sorpresivo.
-Dean...
-Llame a mi mamá, por favor. Me estoy volviendo loco.
El profesor se extrañó de su comentario, pero le hizo caso. Él le puso una mano sobre el hombro
-Ve a la dirección, yo iré en un rato. Debo terminar mi clase.
Una vez más, puso los ojos en blanco y chisto a su mediocre solución. Dean salió del baño exaltado y paranoico, veía a Lana al fondo del pasillo, así que se giró tratando de perderla de su vista.
-Dean... -llamó su amigo poniendo una mano sobre su hombro, lo que hizo a Dean asustarse y tomarle la mano con fuerza- ¿Qué pasa? ¿Estás bien?
-Si te lo digo, no lo entenderías -dijo después de aventarle su mano para quitarla de su hombro.
Dean se dio cuenta de que Uniel y Joe habían salido de la clase, pero no estaban solos, traían a Ebi consigo.
Ella estaba sometida entre el brazo y el torso de Joe, pronto Dean comenzó a buscar un salón a lo que los demás lo siguieron con adrenalina. Es verdad que él seguía en un estado paranoico, pero estaba luchando por buscar su estabilidad, quizá haciendo lo de siempre.
-Vámonos, antes de que el profesor se de cuenta de que salieron.
Los tres compañeros buscaron un salón solitario. Se dirigieron al pasillo más abandonado y ahí encontraron en oscuridad un salón. Al entrar Dean tomó del brazo a Ebi y aún dentro de su crisis la aventó creyendo que con ella se irían todos sus traumas, ella se golpeó con los pupitres que se encontraban ahí a lo que se levantó y quedó de frente, lista para cualquier ataque.
-¡Alejense! -grito Ebi mientras los tres se acercaban.
Dean estaba entre el trance y la realidad, tenía que admitir que estaba en automático desde que aventó a Ebi, porque en sí, se trataba de una rutina. Pero, aunque fuese así, no tenía planeado dejar sola a Ebi, ella tenía que pagar todo por ser tan débil y estúpida, él solo se estaba desquitando.
-¡La última vez me empujaste al piso! -exclamó Dean mientras la tomaba del cabello y la tiraba nuevamente al piso -¡Ahora te haré sufrir!
Ebi miró a Dean, pero al levantar su mentón su cabeza se balanceó después de recibir un golpe con la rodilla de Dean, ella sangró al instante y tambaleó el tronco de su cuerpo. Sintió lentamente como sus fosas nasales se entumecian, e inconscientemente puso ambas manos cuando sintió un líquido salir de ella, deseaba que regresará, pero era obvio que un vaso se había reventado por el impacto. Ella se quedó temblando, separó las manos de sí y las miró mientras temblaban.
Los tres la miraron fijamente dejando que entrara en pánico, consumida por sí misma. Ella estaba ahí, temblando, con sangre resbalando de sus manos, con una mirada rogando piedad, su boca comenzó a escupir baba llena de sangre, sangre que había entrado a su boca o que se regaba sobre su garganta lo que hacía tener arcadas por el sabor metal de su sangre, ella lloraba ruidosamente mientras su cuerpo temblaba, su cuerpo estaba bajo tanto estrés que un ataque de pánico comenzó a consumir todo en ella, y en un instante su estabilidad se esfumo. Tomó su cabeza entre sus manos y clavó sus uñas en su cabeza.
Dean sabía perfectamente lo que estaba pasando, Ebi estaba siendo llevada al infierno, él sabía que no sólo la habían llevado al salón más arrinconado y olvidado para golpearla, Uniel y Joe ya estaban planeando algo con anticipación.
Y aunque este hobbie distraía un momento a Dean, en ella vio nuevamente esa calaca que tomaba forma de su hermana.
-¡Tú no eres ella! -dijo Dean mientras se abalanzaba sobre ella y comenzaba a golpearla.
Sus dos amigos se miraron extrañados, sin saber con exactitud por qué decía eso. Hasta que Uniel pensó en la situación que estaba pasando Dean, si bien, él fue muy cortante con su explicación, cuando lo encontró en el salón, entendía que su grito irracional y sus arranques eran consecuencia de eso, así que decidió aprovechar la situación.
Quería que Dean sacará todo su dolor, y Ebi era la pieza perfecta para que pagará todo lo que la vida le estaba quitando a Dean.
-¡Ella se está burlando de tu hermana!
Joe se extrañó por el comentario de Uniel. Pero él no se detuvo a dar explicación alguna. Sólo quería ver cómo Dean golpeaba a Ebi.
Ebi se cubrió y quedó en el suelo mientras lloraba. Ya no tenía fuerzas, la cara se le había hinchado tanto que con trabajo podía abrir los ojos.
-Ahora déjame a mí -dijo Uniel que se acercó a Ebi, la tomó del cabello y comenzó a forcejear con ella, aunque en sí Ebi se había cansado tanto que con trabajo ponia sus manos entre su cuerpo y el de Uniel.
Ebi empezó a ver borroso, y entre los forcejeos de Uniel tocando su cuerpo veía como Dean daba un paso atrás, asustado, y comenzaba a llorar.
Dean estaba teniendo otro episodio. Ya ni siquiera la adrenalina podía contener su inestabilidad. Lloraba con rabia, golpeándose el rostro y los brazos como si así pudiera arrancarse la desesperación que estaba sintiendo por su locura. Su pecho buscaba aire, subía y bajaba con violencia mientras sus manos temblorosas palmeaban su suéter gris, buscando desesperadamente los calmantes que le habían recetado. Pero no los encontraba. Sabía que asistir a la escuela aún no era buena idea, pero en su momento creyó que podía manejarlo.
De pronto, el tiempo se ralentizó. Su visión se volvió borrosa, y los sonidos se distorsionaron en un eco asfixiante. Sus ojos se clavaron en la escena frente a él, sus dos amigos estaban sobre Ebi.
Ella forcejeaba, pero su cuerpo empezaba a desgastarse. Su cara y piel estaban marcadas por los golpes, sus labios abiertos en un grito que nadie parecía escuchar. Sus uñas rasgaban el suelo, desesperadas por encontrar una salida, algo, cualquier cosa que la salvara de ese infierno. Pero no había nada. Solo el dolor crudo, las manos que la sujetaban con fuerza, el ardor de la piel rota. Su aliento se volvió un jadeo quebrado, su cuerpo se retorció buscando una salida, y después se volvió más pesado, más frágil, más inmóvil.
Sus ruegos le retumbaban en la cabeza a Dean como un golpe tras otro, cada grito más afilado que el anterior. Pero entonces, algo cambió.
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VÍCTIMA
Teen FictionEbi se miró en el espejo. Estaba inquieta por la presencia de Dean que salía lentamente de la oscuridad detrás suyo. Él le sonrió y se acercó. Fue fácil, pensaba ella. «Él escogió una víctima para su venganza, fue lo suficientemente hábil para que l...
