51. Alucinación

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Dean, Joe y Uniel seguían peleando, dejando que la violencia los devorara por completo. El calor se acumulaba en sus cuerpos, pero no se detenían. El dolor no importaba, la adrenalina lo silenciaba todo. Cada golpe alimentaba la rabia; estaban tan concentrados en lastimarse que olvidaron a Ebi, inconsciente en el suelo. Ahí estaba ella: su prueba, su condena. Ya no podían ocultarla, pero ni siquiera era prioridad, aunque lo había sido cuando se trataba de no volver al tutelar... o a un lugar peor.


Joe sujetó a Dean por la espalda. Dean se tensó. Por un momento, su mente se quebró: revivió ese sueño donde el cadáver de su hermana se le subía al lomo. El miedo lo paralizó.


—¡Siempre fuiste el primero en golpear a Ebi! —gritó Uniel.


Dean lo miró un segundo antes de recibir una bofetada.


—¿¡Ahora la defiendes!? —espetó Uniel—. ¡No seas un maldito hipócrita!


Dean empezó a ser el único que recibía los golpes. Su cuerpo se cansaba, sus reflejos se volvían torpes, pero no pensaba rendirse. En medio de su propia crisis, luchaba como si en ello se le fuera el alma. Esquivó un golpe de Uniel, haciendo que este impactara a Joe de lleno en la cara. Aprovechó el caos y empujó a Joe con tanta fuerza que este giró, tropezó entre pupitres y cayó cerca de Ebi. Se quedó inmóvil, el golpe en la espalda lo dejó aturdido. Al voltear, la vio. Ebi seguía sin moverse.


Un vacío se le abrió en el estómago. Se arrastró hasta ella, acercó su mano a su pecho. No había señales. Nada.


—¡Oigan! ¡Maldita sea! —gritó, pánico en la voz—. ¡Maldita sea!


Pero ni Uniel ni Dean lo escuchaban. Seguían en lo suyo, desfigurándose el rostro. Dean tomó impulso y lo estampó contra la puerta, haciendo que esta se abriera. Ambos cayeron al suelo y siguieron golpeándose como animales salvajes.


Uniel, por un instante, pensó en parar. Miró el desastre, los pupitres, la sangre, Ebi. Pero Dean estaba ido. Había perdido el control. Golpear a sus amigos era su forma de castigar a los que dañaron a su hermana. Para él, esto no era una pelea cualquiera. Era una especie de  justicia.


Los alumnos comenzaron a mirar de lejos la pelea, todos no entendía de dónde habían salido, sólo veían la rapidez con la que se golpeaban.


—¡Has perdido la cabeza!—grito Uniel, aprovechando su inestabilidad para dejarlo mal frente a los demás. Cómo si se tratase de una víctima.


Los alumnos se acercaron a la pelea a lo que Joe se levantó y cerró la puerta del salón, para evitar que vieran a Ebi. Palmeó su pantalón y sacó su celular con las manos temblorosas.


—¡Noshua, ven ahora mismo! ¡Necesitamos tu ayuda!


Joe se impacientó y miró a Ebi que seguía en la misma posición.


—¡No me importa! ¡Ven ahora mismo si no quieres acabar en la cárcel!


Uniel azotó a Dean contra los libreros del pasillo y pronto empezaron a recorrerse de dónde estaban. Joe suspiró aliviado, pero estaba irritado, Noshua no estaba entendiendo la gravedad de la situación.

VÍCTIMAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora