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Narra Pablo

Abrí los ojos y vi a Mar mirando por la ventana, distraída. Parecía muy ida. Me fijé la hora: ya eran las 10 a. m., y a las 12 había que estar allá.

Pablo: ¿Qué hacés?

Marizza: Te despertaste. Nada, amor, miraba el jardín, nada más.

Pablo: Vení, que hace frío.

Me sonrió y se acostó en la cama. Me abrazó fuerte y escondí mi cara en su pecho; era uno de esos abrazos profundos que me encantaban y disfrutaba mucho.

Marizza: Por más que me quedaría así todo el día, tenemos que levantarnos.

Pablo: ¿Muy necesario?

Marizza: Lamentablemente, sí. ¿Se te pasó la borrachera ya?

Pablo: Sí, gracias por todo. —beso—

Marizza: No es nada, amor. Te voy a preparar café así te despabilás.

Pablo: Sos la mejor.

Le di otro beso más largo y se paró para bajar a la cocina. Suspiré resignado al respecto y fui al baño. Me cambié y bajé.

Marizza: Prometo hacerte el café cada vez que vuelvas borracho, aunque espero que no sean muchas, porque te echo de casa.

Pablo: —me reí— Perdón.

Marizza: No pasa nada, amor. Pero, ¿qué fue lo que pasó?

Pablo: Aunque te parezca imposible —y lo es—, perdí en el pool contra Café y tuve que cumplir su reto.

Marizza: —me reí— ¡Serás tarado, eh!

Pablo: Sí, bueno, una vez tenía que dejarlo ganar.

Marizza: Voy a cambiarme, amor. Terminá rápido que ya tenemos que irnos.

Asentí y seguí tomando el café, mirando la televisión.
La verdad, me parecía muy raro que todavía no haya mencionado el tema de que supuestamente le oculto algo. O sea, sí, algo le estoy ocultando, pero todavía no sé cómo hablarlo con ella ni cómo se lo va a tomar. Así que estoy prefiriendo guardar silencio y lidiar solo con mis pensamientos.

Bajó casi corriendo de la escalera, acomodándose el pelo. Tenía una pollera con un suéter y unas botas bajas. Sonreí. Ella era tan hermosa.

Marizza: ¡Pablo, dale! Nos están esperando. ¿Qué pasa?

Me acerqué a besarla y sentí su perfume. Me volvía loco, cada día más, y no podía controlarlo. Seguí besándola con desesperación hasta que su celular sonó, separándonos. Atendió, y bajé mis besos a su cuello mientras escuchaba que hablaba con Sonia.

Marizza: Sí, má, ya estamos yendo. Es que hay mucho tráfico, pero en una hora estamos ahí. Chau.

Pablo: —me reí—

Marizza: Te voy a matar por distraerme. Vámonos ya. Ponéle la correa a Bell mientras saco el auto.

Hice lo que me pidió y salí para subirme al auto y manejar hasta el campo, que quedaba más o menos a 30 minutos de nuestra casa. Al llegar, todos nos recibieron con un fuerte abrazo como si no nos hubiéramos visto en meses.

Spoiler: nos habíamos visto el viernes.

Después del gran recibimiento, fuimos al jardín a esperar la comida.

Manuel: Les tengo una noticia.

Marizza: ¿A nosotros?

Manuel: Así es.

Solo una oportunidad másHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora