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Narra Marizza

Volví a la mesa con Luji sin decir ni una palabra. No pensaba abrir la boca, iba a hacer lo que Luján me había dicho: fingir indiferencia.

Sinceramente me dolía que Mía actuara así. Entiendo que, por ahí, yo me tomé muy a pecho lo que ella me había dicho, pero ella tampoco estaba actuando bien ahora y eso me molestaba y dolía. Realmente me gustaría compartir este momento tan importante y especial para ella con ella, pero si me trata así tampoco voy a fingir demencia para siempre.

Sentí la mano de mi marido agarrando la mía por debajo de la mesa. Acarició mi palma y lo miré; su mirada transmitía un "¿estás bien?". Solo asentí y le di un beso en la mejilla como respuesta, a lo que sonrió como un tonto y me hizo sonreír a mí también.

Manuel: Bueno amigos, les quería agradecer a todos por venir. Sé que tienen sus vidas, sus cosas, y aun así se hicieron un espacio para venir a compartir este momento con nosotros.

Mía: —sonreí— Sí, gracias a todos.

Luján: ¿Vas a llorar, Manu?

Manuel: No, callate.

Marizza: —me reí— ¡Manuel quiere llorar! —dije burlándome—.

Manuel: ¡Callate, enana lisiada!

Marizza: ¡Ey, te zarpaste! —fruncí el ceño y reímos—.

Guido: Razón no le falta —susurré—.

Marizza: Te escuché.

Pablo: Déjenla en paz, dale.

Tomás: Ay, déjenla en paz.

Guido: El enamorado la defiende. ¡Anda, pollera!

Pablo: —me reí negando con la cabeza— Son unos tarados.

Me reí y todos siguieron burlando a Pablo diciendo que era un dominado por mí. No mienten.

Trataba de mantener la compostura, pero sinceramente me estaba costando. Me sentía mal por todos los comentarios que había hecho Mía hacia mí. Sé que está enojada y que no lo dijo en serio, pero ¿desde cuándo ella tira comentarios pasivo-agresivos? Ese era mi trabajo. De cualquier manera, trataba de distraerme con los chistes malos de Manu o las peleas bobas de Tomás y Pili, pero sí me estaba abrumando un poco. Pablo me miró de reojo y yo respiré hondo.

Pablo: ¿Querés salir a tomar aire?

Lo miré y asentí. Me agarró de la mano y salimos al jardín que tenía la quinta. Pablo me abrazó y apoyé la cabeza en su hombro, suspirando.

Pablo: ¿Estás bien?

Marizza: Estoy.

Pablo: Tranquila, mi amor, se va a solucionar.

Marizza: Lo sé, pero igual duele. No me esperaba a Mía actuando así conmigo.

Pablo: Yo tampoco, la verdad. Hasta Manu se sorprendió.

Marizza: Sí, lo vi... no sé.

Pablo: Amor, vos también tenés que entender que no todos van a estar rogándote siempre que los perdones después de cada pelea.

Marizza: —lo miré sonriendo— ¿Como vos?

Pablo: —reí— Exacto, como yo.

Marizza: Lástima que no todo el mundo es como vos —lo besé—. Aunque sería un mundo lleno de narcisistas, egocéntricos, creídos...

Pablo: Como yo no hay dos.

Marizza: Ahí lo tenés, ¿ves?

Pablo: —me reí y la besé— Hablo en serio, Mar. No siempre vas a poder bancarte el orgullo.

Solo una oportunidad másHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora