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Narra Marizza

Me levanté de mi lugar llevando mi plato a la cocina, mientras apretaba mis labios para no explotar ahí mismo.

Mia: me estoy muriendo de calor, quiero ya ir a la pileta. ¿Y a vos qué te pasa?

Marizza: nada, nada.

Mia: no trates de lavar, Mar, mirá si te hace mal a la muñeca.

Marizza: —rodé los ojos— es un plato, Mia.

Mia: si vos decís, después no quiero quejas.

Bufé y seguí lavando mi plato con la mano sana. Asomé la cabeza por la ventana que estaba enfrente a la pileta, dándome cuenta de que ya estaban todos metidos, menos las chicas que estaban tomando sol. Vi a Mia salir y saltar encima de Manuel, besándolo, y sonreí. Me ponía contenta que estén tan bien juntos; después de todo lo que habían sufrido, ellos merecían ser felices.

Narra Pablo

Fui a la habitación a buscar una toalla y a cambiarme para ir con los chicos a la pileta. Antes de eso quería hablar con Mar, no quería seguir evitando la conversación. Entré a la cocina y vi que estaba acomodando las cosas como podía con la mano sana.

Pablo: ¿te ayudo?

Ella no respondió, se giró a mirarme y vi cómo su cara cambió; estaba seria, no descifré si era enojo o tristeza.

Pablo: ey, ¿todo bien?

Marizza: sí, todo bien.

Dijo y siguió haciendo lo que hacía. Me di cuenta de que pasaba algo porque tenía los hombros tensos y su voz estaba seca, distante.

Pablo: ¿segura? Tenés una cara, no sé, rara.

Marizza: estoy bien, Pablo, no estoy rara.

Me respondió rápido, como si quisiera evitarme la conversación y sacársela de encima. Fruncí el ceño confundido y me puse frente a ella, evitando que pueda hacer cualquier otra cosa.

Pablo: si pasa algo, decímelo.

Marizza: sí, claro —le dije sarcástica—.

Pablo: ¿qué es lo que pasa?

Marizza: nada —dije cansada, revoleando los ojos—, si total ni me escuchás.

Me quedé quieto. ¿Que no la escucho? ¿De qué habla?

Pablo: ¿eh? Pará, Mar, ¿de qué hablás?

Marizza: me ignoraste allá en la mesa cuando te hablé.

Pablo: ¿qué? ¿En qué momento?

Marizza: cuando estabas mirando videos con Guido como un tarado.

Pablo: Mar, te juro que no te escuché. Tal vez el volumen estaba muy alto, no te ignoré. ¿Qué fue lo que me dijiste?

Marizza: —me mordí el labio— te dije si podíamos hablar.

Pablo: okey, hablemos. Empiezo yo: perdón por lo de esta mañana, no había dormido bien y me la agarré con vos por mi mal humor. Perdoname.

Marizza: está bien, me dolió un poco igual, parecía que te molestara que te hable.

Pablo: no es así, no es así, Mar, en serio. Es que... el plan que tuvimos con Manu no fue muy bien planeado, pero queríamos que se arreglaran. No fue con mala intención, de verdad.

Bajé la cabeza y mordí mi labio con nerviosismo. Vi cómo sonrió un poquito y negó con la cabeza.

Marizza: está bien, sé que no fue con mala intención, pero yo ya te había dicho que iba a hablar con Mia hoy.

Solo una oportunidad másHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora