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Narra Marizza

Agradecía a todos los planetas que hoy se habían alineado para que yo entrara más tarde que Pablo hoy. No solamente por el hecho de poder dormir una hora más, sino también porque no quería cruzármelo; me daba como vergüenza, no en sí de lo que pasó, sino del hecho de que ninguno de los dos haya podido contenerse ayer y terminara pasando lo que pasó.

Lo escuché entrar a la habitación más temprano y me hice la dormida mientras miraba de reojo cómo buscaba ropa en el vestidor. Se lo veía muy relajado y más liviano que ayer, que estaba totalmente rígido y tenso todo el día.

Cuando vi la hora y me di cuenta de que ya faltaba media hora para que tuviera que ir, decidí levantarme de la cama, aunque no tenía energías para nada; me hubiera quedado en la cama todo el día hoy si era necesario.

Llegué al trabajo más puntual que de costumbre; los sorprendí a todos y no pude quejarme porque siempre que entraba más tarde, llegaba bastante más tarde.

Al entrar vi a Mia charlando muy animadamente con los chicos y, al verme, me hizo un gesto exagerado para que vaya.

Me acerqué y automáticamente sentí la mirada de Pablo sobre mí; lo miré, pero corrí la mirada rápido y me enderecé.

Mia: buen día vos, ¿cómo estás?

Marizza: bien, estoy bien, solo un poco cansada; no dormí tan bien anoche.

Dije sutilmente mirando a cierta persona que estaba a mi lado de reojo; vi cómo entrecerró los ojos despacio y soltó una risita chanchera. Rodé los ojos y miré a Mia de nuevo, que abrió la boca para hablar, pero fue interrumpida.

Pablo: yo tampoco, anoche no fue precisamente tranquila.

Marizza: se nota.

Mia: ¿qué les pasa? Me siento en medio de algo y no sé de qué.

Manuel: me está pasando lo mismo, me están incomodando.

Marizza: no es nada.

Manuel: ¿siguen peleados?

Los dos nos callamos y nuestras caras cambiaron casi al mismo tiempo; si antes el ambiente ya estaba tenso, ahora el doble.

Manuel: el silencio me responde que sí.

Mia: se ve que sí.

Manuel: ¿no van a hablar?

Marizza: sí, no se metan —dije cortante—.

Mia: okey... nos callamos entonces.

Manuel: se ve que el horno hoy no está para nada.

Marizza: bueno, ¿para qué me dijiste que venga? ¿De qué estaban hablando?

Mia: los chicos me contaron que llamó Rami, que quiere vernos y tenemos que coordinar un día que podamos los cuatro.

Marizza: ah...

Manuel: ¿no te emociona?

Marizza: no sé, chicos; puede ser una pavada, hace más de dos meses que la banda está muerta, si no hubiera sido por ese único show y las entrevistas.

Manuel: sí, es cierto.

Pablo: yo creo que deberíamos activar.

Mia: para mí también. ¿Vos qué opinás?

Todos me miraron a mí, y sabía por qué.

No me gustaba ser el freno para nada, más de algo que todos querían. Mi sentimiento al cantar en un escenario había cambiado al pasar lo que pasó. La última vez que lo había hecho, si bien me había costado, fue ansiedad, estrés, miedo, miles de cosas y de recuerdos. También había sido hermoso; fue reencontrarme conmigo misma, como si yo estuviera cantando en el cuerpo de mí de 15 años, y esa sensación me encantaría tenerla otra vez.

Solo una oportunidad másHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora