165

241 17 25
                                        

Narra Pablo

La alarma de las 6:00 a. m. empezó a sonar y gruñí contra la almohada; estiré mi brazo para apagarla y suspiré. Mar seguía dormida, exactamente en la misma posición que ayer: ni de rechazo ni de complicidad.

Me moví despacio para no despertarla y fui al baño a bañarme y a asearme. Salí del baño y me di cuenta de que Mar ya estaba despierta, con la mirada en su teléfono; me pareció raro, ya que ella no entraba a mi mismo horario esta semana.

Pablo: Buen día, amor.

Marizza: Buen día —respondió con normalidad exagerada—.

Fruncí el ceño y fui al vestidor a cambiarme; hoy podía no ir de traje, ya que no tenía reuniones importantes, así que solo me puse un jean azul oscuro y una camisa blanca.

Bajé a la cocina a poner la máquina de café a funcionar, mientras escuchaba cómo Mar entraba a la ducha. Suspiré y me puse a pensar en qué había cambiado en solo 24 horas, cuando literalmente el día anterior habíamos tenido una noche súper romántica y habíamos tenido sexo hasta quedarnos dormidos. ¿Cómo cambió de un día para el otro?

Serví mi café en mi termo para irlo tomando en el auto y dejé un poco para Mar. Tomé algo de comer de la alacena y salí de casa con todavía una sensación rara en el pecho que no sabía a qué se debía.

Narra Marizza

Cuando me desperté, Pablo estaba bañándose; no había nada raro, nada había cambiado. Todo estaba "normal" y, a la vez, no, lo que lo hacía inquietante.

Esperaba que hoy peleáramos, que discutiéramos lo que había pasado ayer; sé que no pasó nada, pero yo igual quería discutirlo, y no pasó.

Me dijo buen día como cualquier otro día y hasta me había dejado café recién hecho. Eso me había descolocado un poco.

¿Es que a Pablo no le importaba verme rara? ¿O es que él no sentía nada raro y yo era la que me estaba haciendo la cabeza? ¿Y si el problema soy yo?

No me refiero a todo, sino a ser la que arma cosas y escenarios en su cabeza donde no los hay en realidad.

Aunque, en realidad, yo sé que no estoy totalmente loca; yo ayer esa mirada la reconocí, la vi y me di cuenta de cada uno de sus gestos. Llevo años estudiando a Pablo como para equivocarme.

Agarré mi cartera y salí de casa con las llaves del auto en la mano, pero en cuanto crucé la puerta, ahí estaba Pablo esperándome, apoyado contra el auto. ¿Él me esperó para ir juntos?

Nos miramos a los ojos y no sabía qué decir; parecía que era la primera vez que lo veía en la vida, y él parecía igual de confundido que yo, pero todavía no sabía el porqué.

Se agachó un poco, como siempre, para darme un beso corto que tardé dos segundos en corresponder, y no fue un beso de esos que te dejan una linda sensación; fue otra cosa.

Sonreímos apenas, como pudimos en realidad, y nos subimos al auto para viajar en completo silencio hasta el trabajo.

Nos bajamos del auto y entramos al edificio. Antes de que cada uno se dirigiera a su puesto, nos dedicamos una mínima mirada que no duró más de dos segundos, y fui a mi escritorio para sentarme y hacer una mueca de incomodidad, creo.

Mia: Hola, Mar, hoy nos espera un largo día.

Marizza: Uh, no, ¿por qué?

Mia: Un cliente importante nos pidió que cambiemos toda la idea que iba a venir a firmar mañana.

Marizza: Pará, ¿la que hice yo con vos y Pablo?

Mia: Sí, esa misma.

Marizza: Pero eso fue hace un montón, mucho antes de que nos fuéramos a tu despedida; ni siquiera me acuerdo qué habíamos hecho.

Solo una oportunidad másHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora