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Narra Pablo

Manuel: ¿Así que está enfermo?

Pablo: Al parecer, sí. No pude verlo ni siquiera, no sé, me tiene preocupado.

Manuel: Va a estar bien, Pablo, tranquilo. Averiguá qué podés hacer y, cualquier cosa, estoy acá para lo que necesites.

Pablo: –Asentí– Gracias, Manu.

Manuel: De nada. ¿Y con la Fosforito no intentaste hablar?

Pablo: No, estoy enojado con ella.

Manuel: ¿Tan grave fue lo que pasó?

Pablo: Sí, esta vez no fue una pavada. Hace dos días que no hablamos.

Manuel: Son unos tarados. En vez de hablar las cosas... porque los dos saben que se quieren.

Pablo: Obvio que la quiero, pero no sé qué vamos a hacer con esto.

Manuel: Si querés, le digo a Mía que hable con ella, a ver si afloja. O yo puedo tratar de hablar con ella.

Pablo: No, no, no te preocupes. Creo que los dos estamos procesando muchas cosas y, bueno...

Manuel: ¿Y no sería mejor procesar las cosas juntos?

Pablo: Puede ser, pero no somos así. Lo mejor va a ser que estemos así por un tiempo.

Manuel: ¿Un tiempo? ¿Cuánto? Pablo, tienen 22 años para los tiempos.

Pablo: No sé cuánto, pero no veo otra opción en este momento.

Manuel: –Suspiré– Son unos tarados –reí–. Encima, no te debe ayudar mucho verla con ese vestido.

Pablo: Ni lo digas, me voy a volver loco.

Manuel: –Me reí– Ya lo estás.

Fuimos al sillón a ver una película. Por suerte, Manuel ganó "piedra, papel o tijera" de quién elegía la película. Quedamos en "Star Wars". Me encantaba esa saga.

Sin darse cuenta, aunque estoy seguro que se dio cuenta, Mar tocó mi pierna con su pie y lo dejó ahí. No sabía si era una provocación o si ella necesitaba tenerme cerca, como yo. La miré y suspiré. ¿Por qué hacíamos las cosas difíciles? Nuestras manos se rozaron debajo de la manta y ambos la dejamos ahí. Ninguno decía nada, no había nada para decir. A veces, Mar y yo nos entendíamos mejor con los gestos que con las palabras.

Mía: Mar, ¿me acompañás a la cocina?

Marizza: Bueno.

Manuel: ¿Ponemos pausa?

Mía: No, no, igualmente odiamos la película.

Narra Marizza

Marizza: ¿Qué pasa?

Mía: Quería agua y también saber qué es lo que pasa entre vos y Pablo.

Marizza: Ya te dije, Mía. Nos peleamos, pero nada más en serio.

Mía: No parece una pelea cualquiera. ¿Por qué no querés contarme?

Marizza: Porque no es importante, en serio. Volvamos.

Mía: Hablá conmigo, Marizza, por favor.

Marizza: –Suspiré– Desde hace unas semanas que venía notando raro a Pablo, muy raro, un poco angustiado también. Le pregunté miles de veces qué era lo que le pasaba y siempre me negaba. Hasta que un día me confesó que sí, algo estaba mal, pero que no podía hablarlo todavía. Le dije que lo iba a esperar y que no iba a perderme. Estuvo así como un mes o más.

Solo una oportunidad másHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora