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Narra Pablo

Cerré la ducha y até una toalla a mi cintura, pasé la mano por el espejo para desempañarlo y me pasé otra toalla más pequeña por el pelo con intención de secarlo un poco. Salí del baño y vi a Mar ya vestida; tenía puesto un top tipo bando sin tirantes y una pollera roja de cuero que apenas le tapaba nada. Estaba tarareando una canción mientras trataba de maquillarse frente a un espejo con su mano sana. Se inclinó un poco y, Dios... definitivamente esa pollera era demasiado corta.
Me sentí un adolescente hormonal y creo que lo soy.

Marizza: —¡Ay, amor, qué hacés ahí parado mirándome como un acosador!

Pablo: —(me reí) Perdón, me colgué. ¿Qué me pongo?

Marizza: —No sé, por favor ponete las zapatillas que me hicieron esto —dije señalando mi brazo y reí.

Pablo: —Claro que sí.

Marizza: —¿Me ayudás con esto? No puedo con la izquierda.

Pablo: —No sé nada de maquillaje, amor, pero intento.

Marizza: —Sí, por favor, vení. Pasame esto por el borde del ojo, despacio.

Pablo: —Uy, no sé, es mucha presión.

Cerró sus ojos y yo le pasé el lápiz negro; lo apoyé sobre su párpado y lo arrastré dejando una línea oscura muy dispareja.

Marizza: —¡Ay, Pablo! ¡Re chueco, parezco tuerta!

Pablo: —(reí) Bueno amor, te dije que no sabía. De igual forma te ves hermosa con y sin maquillaje, así que no te hace falta.

Marizza: —No trates de arreglarlo con chamuyos, Bustamante.

Pablo: —Ok, entonces ¿por qué no le pedís ayuda a Mia? Ella seguro sabe hacértelo bien.

Marizza: —Ni loca, prefiero salir desnuda.

Pablo: —Yo definitivamente prefiero que le pidas ayuda a Mia antes que eso.

Marizza: —(me reí) Lo sé, ya fue, no lo hago.

Pablo: —Sos una orgullosa, Mar.

Marizza: —¿Recién ahora te das cuenta de eso?

Pablo: —No, no sé ni por qué me sorprende.

Rodé los ojos y la miré mal; me di vuelta en camino a la ropa. Saqué un pantalón negro y una remera roja para combinar con ella. Fui al baño a acomodarme un poco el pelo y a ponerme perfume y ya estaba listo y, por supuesto, muy fachero.

Pablo: —¿Vamos?

Marizza: —Qué lindo que está mi marido —lo besé.

Pablo: —Como siempre —le guiñé.

Marizza: —(reí) Sí, amor, como siempre —beso—.

Salimos del cuarto después de un beso más y nos dirigimos a la cocina. Allí estaban las chicas hablando animadamente. Miré a Mar, que tenía una expresión rara en la cara; me di cuenta de que estaba mirando a Mia y ahí entendí todo. Tomé su mano y la acaricié; ella me miró haciéndose la desentendida y la miré, obvio. Me soltó la mano y llamó a Luján para ir afuera. Suspiré mirando al techo pensando en lo terca y orgullosa que era. Me acerqué a Manu y le hablé.

Pablo: —Están muy tensas las chicas.

Manuel: —La verdad que sí, no pensé que fuera tan serio.

Pablo: —Yo tampoco, pensé que iba a ser una de sus peleas semanales.

Manuel: —Yo lo mismo, pero parece que no. Igual sabés que Mia no lo hizo con intención de que no venga ni nada de eso, ¿no?

Pablo: —Obvio que lo sé; Mar se lo tomó muy personal, pero así es ella.

Solo una oportunidad másHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora