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Narra Marizza

Mía: ¿No se cansan?

Marizza: Se ve que no.

Luján: Están ahí hace horas, literalmente horas.

Marizza: Hombres y el fútbol, hasta ya me dio sueño.

Mía: A mí también. Cuando volvamos ya vamos a ir a ver salones con Manu.

Luján: ¿Ah sí? ¿Ya?

Mía: Sí, quiero todo organizado con tiempo. A ustedes les tomó bastante elegir.

Marizza: Porque Pablo y yo nunca nos ponemos de acuerdo. Tuvimos que elegir algo que más o menos los dos estuviéramos conformes y así fue.

Mía: A Manu le da igual el lugar, me dijo. Así que voy a poder elegir tranquila. Él quiere elegir la comida solamente.

Marizza: —Me reí—.

Luján: —Reí— No sé por qué no me sorprende.

Marizza: Voy adentro a dormir un poco yo.

Mía: ¿Tan cansada estás? Son apenas las 4 de la tarde.

Marizza: Tratá de lidiar con un esposo borracho a las 2 de la mañana y hablamos.

Sonia: ¡Marizita! ¿Dónde vas?

Marizza: A dormir, Sonia.

Sonia: ¿Querés que te prepare la cama, ciela?

Marizza: No, má, no te preocupes.

Entré a la casa y me acosté en el sillón que había en la sala. Como era de esperarse, enseguida vino Bell a acurrucarse conmigo. Sonreí y la tapé con la frazada, abrazándola para que no pase frío tampoco. No sé cuántos minutos habrán pasado que me quedé dormida en segundos.

X: ¡Mamá!

Marizza: ¿Qué pasa, mi amor?

X: Tengo tarea y papá no puede ayudarme ahora, me dijo.

Marizza: ¿Qué está haciendo? Yo estoy cocinando porque vienen los tíos ahora.

X: Está con la bebé durmiendo.

Marizza: Lo voy a matar.

X: —Me reí— Okey.

Dejé el cuchillo y subí hasta la habitación enojada, con intención de gritarle, pero al ver que la bebé estaba tan profundamente dormida me tapé la boca con las manos y conté hasta mil. Me acerqué y le toqué el hombro repetidas veces, cada vez con más fuerza.

Pablo: Ay, ¿qué?

Marizza: ¿Sería mucha molestia pedir que te levantes?

Pablo: ¿Qué pasa, amor?

Marizza: Ah, nada. Yo estoy limpiando la casa sola, cocinando, la nena tiene que hacer tarea, todavía tengo que bañarme y vos acá durmiendo. Pero no pasa nada.

Pablo: ¿Estás siendo sarcástica, no?

Marizza: ¡Claramente que sí! ¡Salí ya mismo!

Pablo: Ya voy, ya voy.

Salimos de la habitación y cerré la puerta con delicadeza.

Pablo: Buchona.

X: Perdón, papi, pero esto es importante.

Marizza: Ayudala, y después me ayudás a mí en la cocina.

Pablo: Lo que digas, amor.

X: —Me reí— No seas pollerudo, papá.

Solo una oportunidad másHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora