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Narra Marizza

Después de salir de bañarme, Mia irrumpió en mi habitación, echando a Pablo a las patadas más o menos. Estaba en bata, al igual que yo, y con dos bolsas en los brazos. La miré con el ceño fruncido y habló.

Mia: son los vestidos, ¿estás preparada?

Marizza: -me reí- no seas dramática, Mia, a ver.

Abrió la bolsa y me mostró primero el suyo. Si bien era sencillo, era precioso, corto, sin tirantes, con un moño en el escote y al cuerpo, obviamente blanco. Me mostró los zapatos, que eran altos, pero no tanto como para incomodar.

Mia: voy a llorar, creo.

Marizza: ay, Mia, el vestido es hermoso, te queda pintado, en serio.

Mia: gracias, ahora el tuyo.

Marizza: me das miedo, ¿por qué no están las chicas acá también?

Mia: estaban todas bañándose, así que dejé su vestido en las habitaciones, y escuché ruidos... sospechosos de cierta habitación, así que decidí no interrumpir.

Marizza: -me reí- ya sé de quién hablás.

Mia: mirá, este es el tuyo.

Sacó mi vestido y lo sostuvo en sus manos mostrándomelo. Sonreí encantada. Definitivamente, y aunque me costará admitirlo, Mia me conocía demasiado bien. Ese vestido era muy mi estilo; era un mini vestido negro, tan sencillo como sexy, sin espalda ni laterales, el escote alto y redondo ajustándose a mi cuello. Realmente me había encantado.

Mia: y... ¿te gusta? ¿o lo odiás?

Marizza: no, Mi, me encanta, en serio, ¿cómo sabías que me iba a gustar?

Mia: por mucho que te pese, hermanita, te conozco demasiado. Y elegí zapatos sin tanto tacón para que no me odies.

Marizza: -sonreí y la abracé- me encanta.

Mia: me alegra, ahora a prepararnos, que no hay mucho tiempo y tengo que estar divina.

Marizza: siempre estás divina, Mia, tranquilizate.

Fui al baño a ponerme el vestido y, cuando volví a la habitación, Mia ya se estaba maquillando. Me mandó a secarme el pelo, así que eso hice. Cuando terminé y estaba empezando a maquillarme, me habló.

Mia: me hacés un favorcito.

Marizza: ¿qué?

Mia: vas a buscar mi delineador, está en la sala, por favor.

Marizza: andá vos, nena, yo recién empiezo.

Mia: mirá si me ve Manu, es de mala suerte.

Marizza: eso es en la boda, tarada.

Mia: cuenta para todo, andá, por favor.

Bufé y me levanté. En cuanto abrí la puerta vi a todos salir y entrar de las habitaciones, arreglándose, peleándose por los espejos, buscando perfumes. Me reí y fui a la sala a buscar su delineador.

Luján: ¿qué buscás?

Marizza: el delineador de Mia, ¿lo viste?

Luján: está en la mesa, andá. Me encanta tu vestido.

Marizza: gracias, a mí el tuyo. Mia realmente se tomó el tiempo de elegir cada uno.

Luján: -me reí- así es ella, y por lo que se ve atinó a todas.

Marizza: -sonreí y asentí- lo hizo, ahora está vuelta loca con los ruleros.

Luján: no la dejes sola mucho tiempo, que no sabemos de lo que es capaz.

Solo una oportunidad másHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora