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Narra Marizza

Marizza: Mia, rápido, ¿vos me estabas buscando para algo urgente?

Mia: ¿Eh? No, ¿por qué?

Marizza: ...Nada, nada, no importa.

Mia: ¿A dónde vas? Vamos a comer.

Marizza: Sí, voy a comer con Enzo, me invitó a un lugar acá cerca.

Mia: Mmm, ¿y a Pablo cómo le cayó?

Marizza: Claramente mal, porque me dijo que vos me estabas buscando, me mintió para que no vaya. Igualmente no me importa.

Mia: Mar, no seas así. Él no se acercó, es verdad, pero vos tampoco.

Marizza: ¡Ah bue! ¿De qué lado estás? Yo me voy.

Caminé hasta el ascensor y me subí. Si tenía que ser sincera, estaba un poco triste, la verdad, desilusionada. No vino a buscarme, no me pidió que me quedara, nada, absolutamente nada. Pero yo tampoco lo había hecho y también había tenido la oportunidad, así que no podía culparlo demasiado. Bajé del ascensor y sentí una presencia atrás mío.

Pablo: Marizza.

Marizza: ¿Qué hacés acá?

Pablo: No me importa si apagaste la computadora, tampoco me importa si está lloviendo. Lo dije para que no te vayas. Quiero que almuerces conmigo.

Marizza: Pablo —susurré—.

Pablo: Y también mentí con lo de Mia, ella no te estaba buscando.

Marizza: Eso ya lo sabía, te conozco y sabía que estabas mintiéndome.

Pablo: Me puse idiota hoy.

Marizza: Bastante, sí.

Pablo: Perdóname. Vení a comer conmigo, podemos ir al lugar que te gusta o, si querés, comemos acá o en el auto, como quieras, pero...

No lo dejé terminar; me acerqué y lo abracé, me escondí en su pecho sintiendo que estaba de nuevo en mi hogar, inspiré su olor, su calor. Me encantaba la manera en la que me abrazaba, como si hubiera estado deseando hacerlo todos estos días, así como yo.

Marizza: Te tardaste —susurré—.

Pablo: Sí, pero vine —dijo apoyando su frente con la mía—.

Marizza: No me sueltes.

Pablo: No voy a hacerlo.

Apreté más mis brazos sobre su cuerpo, al igual que él conmigo, comprimiendo el abrazo. No quería separarme de él, pero tenía que, así que después de unos largos minutos de abrazarnos como si no hubiera un mañana, me separé.

Marizza: Pablo, tenemos que hablar.

Pablo: Sé que sí, pero... ¿podemos fingir que nada pasó y comer juntos?

Marizza: —Sonreí— Bueno, pero no va a ser por mucho tiempo. En serio tenemos que hablar.

Pablo: Sí, lo prometo.

Asentí y me tomó de la mano mientras caminábamos hasta el auto. Nos subimos a este y empezó a manejar hasta un autoservicio. Yo, por mi parte, le mandé un mensaje a Mia para que le avisara a Enzo que no me esperara y que le inventara algo.

El transcurso del auto fue muy silencioso, casi ni hablamos, los dos estábamos muy tensos y se notaba. Pablo estacionó y me dio la comida. Empecé a devorar esa hamburguesa, estaba muriendo de hambre. Noté la mirada de Pablo en mí y lo miré todavía masticando.

Marizza: ¿Qué pasa?

Pablo: Nada... te extrañaba y creo que te sigo extrañando.

Marizza: Estoy acá.

Solo una oportunidad másHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora