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Narra Pablo

La noche ya estaba terminando. Los chicos estaban tan borrachos que apenas podían mantenerse de pie; yo no era la excepción, pero tampoco estaba tan mal como ellos... o eso quería creer.

Desde arriba, miraba a Mar bailando con las chicas en el escenario con Mia; otro de los retos del animador. No podía dejar de mirarla, parecía hipnotizado por ella. Veía cómo se movía con tanta seguridad, riéndose, cerrando los ojos de vez en cuando para sentir la música, e instantáneamente se me formaba una sonrisa en la cara.

Ella también estaba borracha, no tanto como el resto, pero sí estaba... divertida, más suelta, si es que eso es posible.

Realmente, todo lo que había pasado en el escenario y el acercamiento que tuvimos después me había calentado más de lo que me gustaría admitir, y claramente no iba a admitirlo. Parece que tengo 17 años.

Cuando bajaron del escenario ya eran casi las cinco de la mañana, pero seguía siendo de noche afuera, por eso nadie se daba cuenta. Los chicos y yo bajamos del VIP para estar con ellas, me acomodé al lado de Mar y me sonrió.

En un momento, Tomi me tocó el brazo rápido, llamándome. Lo miré y me estaba señalando una parte del boliche. Dirigí mi mirada hacia donde apuntaba su dedo y me reí; Guido y Laura comiéndose la boca en una esquina. Hay gente que no sirve ni para disimular.

Mientras la música seguía sonando, me acerqué a Mar y apoyé mis manos en su cintura para acercarla y susurrarle al oído para que pudiera escucharme.

Pablo: ¿Nos vamos de acá?

Marizza: —reí— Amor, hay que esperar la combi.

Pablo: Vayámonos ahora, nosotros dos.

Sonrió y me miró con los ojos entrecerrados, entendiendo lo que pretendía. Asintió con la cabeza y, después de que le avisáramos a los chicos que nos íbamos porque nos dieron "náuseas", nos fuimos.

Por más de que faltara media hora para que la combi viniera, ya no aguantaba más el ver a Mar con ese vestido enfrente mío.

Salimos del boliche y pedimos un remis que nos lleve hasta la quinta. Al entrar, enseguida la agarré para besarla apasionadamente, aprisionando su cuerpo contra la puerta.

Marizza: ¿Así que para esto querías venir?

Pablo: ¿Para qué más, si no? Dije que iba a vengarme.

Marizza: La venganza no es buena, Pablito.

Pablo: Vas a ver que esta vez va a serlo.

Volví a buscar su boca y pegó un saltito envolviendo sus piernas en mi torso, la tomé del culo subiéndole el vestido caminando a cuestas hasta la habitación tropezando por la cantidad de alcohol que había en nuestro cuerpo.

Al entrar cerré la puerta con el pie y la apoyé contra la pared del cuarto, la observé con hambre mientras veía como sonreía, volví a unir nuestros labios mientras mi mano buscaba el cierre de su vestido con desesperación.

Pablo: Amor, estas muy borracha.

Marizza: ¿Y? Vos también lo estás

Pablo: Si por eso, mirame y decime si en algún momento querés parar.

Marizza: Pablo no quiero que pares, de verdad, quiero estar con vos ahora.

Sonreímos cómplices y me tomó de la nuca para acercarme más. Puse mis manos en el borde de su vestido para sacarlo por su cabeza, dejándola solo con la parte de abajo ya que no llevaba corpiño.

Mordí mi labio al verla así y nos tumbamos en la cama, sus manos desabotonaban mi camisa con prisa torpe, una vez que logró sacarla volvió a buscar mi boca para volver a devorar mis labios.

Solo una oportunidad másHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora