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Narra Pablo

Definitivamente los lunes por la mañana son mis días menos favoritos. Escuchar la alarma sonar a las 6:00 a.m. me da ganas de morirme; odiaba ese horario. Abrí los ojos y sentí a Mar entre mis brazos, lo que me hizo sonreír. Le di un beso en la nuca y se movió apenas. Corrí su pelo para empezar a besarle el cuello y el hombro, mientras le hacía mimos en la cintura para despertarla sin que se levantara de mal humor. Se giró en la cama y quedó frente a mí; le sonreí y me frunció el ceño.

Marizza: —¿Y si no vamos?

Pablo: —(me reí suave)— Me decís lo mismo todos los lunes.

Marizza: —Y nunca decís que sí.

Pablo: —Hoy salimos temprano, mi amor, dale, arriba.

Marizza: —(bufó)— Ni buen día.

Pablo: —(sonreí y la besé)— Buen día, mi amor. Estás preciosa, ¿sabés?

Marizza: Pablo, probablemente tenga los ojos hinchados y el pelo hecho un nido; no estoy preciosa a las 6 de la mañana.

Pablo: —Siempre estás preciosa para mí. —La abracé.

Marizza: —(sonrió)— Sos la única persona que puede hacerme sonreír a esta hora.

Pablo: —(la besé)— Lo sé.

Marizza: —Vamos, dale.

Tomé su cara para volver a besarla y finalmente me levanté. Fui al baño a asearme y después me vestí. Hoy teníamos una conferencia importante, así que me puse camisa y corbata. Muy elegante para mí. Me eché perfume y bajé a la cocina, donde ya me esperaba mi café y mis panqueques con fruta hechos.

Marizza: —Ah bueno, ¿vos querés que yo me muera?

Pablo: —(me reí)— No, pero sí es cierto, estoy muy fachero.

Marizza: —(rió)— Lo estás, amor. —Beso— Me encantas. ¿Acaso querés provocarme?

Pablo: —Lo mismo diría de vos por usar ese mini camisón.

Marizza: —(rió y negué con la cabeza)— Sos terrible, Bustamante. Voy a cambiarme, no vaya a ser cosa que lleguemos tarde por entretenernos.

Me reí y la vi irse a cambiar. Cuando llegó arriba, tiró el camisón por las escaleras y sonreí. Lastimosamente no podíamos llegar tarde, pero me pensaba vengar después de su provocación.

Terminé mi desayuno y me paré para servirle comida a Bell, que ya estaba pidiendo su porción diaria. Una vez hecho eso, lavé los platos. Mar bajó tarareando una canción y sonreí al verla también elegante, con un pantalón de tiro alto, recto, color blanco; un top sin mangas en tono nude, ajustado; y una chaqueta beige camel llevada sobre los hombros. Se veía hermosa.

Marizza: —Amor, ¿viste mi cartera?...Qué asco, soné como Mia.

Pablo: —(reí)— No la vi, amor, debe estar en la sala.

Marizza: —Voy. Andá yendo al auto vos.

Pablo: —Okey.

Agarre las cosas y fui a subirme al auto, no sin antes saludar a Bell, solo porque Mar me lo pide y yo, como un tarado enamorado, le hago caso. Manejé hasta el trabajo y entramos a la oficina; nos despedimos con un beso y fui a la mía.

Narra Marizza

Luján: —¿Me van a decir qué pasó el otro día?

Marizza: —A mí no me metas, es Mia.

Mia: —Me había peleado con Manuel nada más.

Marizza: —¿Y ahora cómo están?

Solo una oportunidad másHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora