Narra Pablo
Ya era el tercer día acá en Francia y diría que las cosas iban más mal que bien en lo que respecta.
El contrato se atrasó, ya que el cliente no quería aceptar la oferta de nuestra empresa y eso trajo muchas más complicaciones de las que ya había.
Con Manu estábamos trabajando en exceso para poder terminarlo lo antes posible y que no nos dijeran que nos teníamos que quedar más días de lo acordado, ya que en solamente dos semanas era su boda y quería volver lo antes posible.
Hoy era domingo y, si bien nos dieron el día libre porque nadie trabajaba un domingo, decidimos usarlo para adelantar más cosas. Más bien, yo obligué a Manu porque, si hubiera sido por él, se quedaba el día entero durmiendo.
Por suerte, el trabajo se hacía un poco menos pesado, ya que ayer habían llegado nuestras secretarias y, si bien no podían hacer mucho, se sentía todo un poco más ligero de alguna forma.
Ahora estábamos en una mesa del buffet del hotel con las computadoras frente a nosotros y yo ya iba por mi tercer café del día; Mora estaría retándome hasta en idiomas que ni ella conoce. Pero, en este momento, eso no me importaría mucho, mi humor estaba realmente malo y hasta me molestaba el sonido de mi propia respiración.
Manuel: Pablo.
Pablo: ¿Mm? —pregunté sin levantar la vista de la computadora—.
Manuel: Primero, pareces un maniático.
Pablo: —Lo miré—. ¿Por qué?
Manuel: Sos adicto al trabajo y, segundo, te vas a quedar ciego si seguís mirando así la computadora.
Pablo: No soy adicto al trabajo, no es tan grave trabajar un domingo, Manuel. Lo he hecho mil veces y no me morí ni me volví loco.
Manuel: Apenas.
Pablo: Estoy haciendo esto por vos. A mí no me cambia en nada quedarme tres semanas más si hace falta, pero te recuerdo que en dos semanas te casás y justamente por eso quiero terminar con esto lo antes posible para que podamos volver —dije en un tono un poco elevado—.
Manuel: Ya sé que en dos semanas me caso, no hace falta que me lo recuerdes. Literalmente, mi futura esposa puso en mi celular una cuenta regresiva.
Pablo: Y bueno, entonces, ¿de qué te quejás?
Manuel: No me quejo. No me gusta que trabajes tanto, ayer casi no dormiste.
Pablo: Vinimos acá a trabajar, no de vacaciones. Si no te gusta mi ritmo, no pasa nada. Volvé a dormir y yo sigo.
Manuel: ¿Qué te pasa, boludo?
Pablo: —Rodé los ojos—. Nada, Manuel, así solamente me estás estorbando, por eso lo mejor va a ser que me dejes hacer las cosas solo.
Manuel: Listo, como quieras. —Me levanté—. Volvete loco solo.
Suspiré cansado y lo vi caminar dos pasos hasta que se frenó y volvió hasta la mesa.
Manuel: ¿Sabés qué es lo peor? Que no es que no tenga ganas de trabajar ni que sea un vago. Es que hace dos noches que no dormís bien y, aun así, seguís.
Pablo: Manuel, no sos mi papá y no necesito que me cuides. Necesito que hagas tu trabajo, para algo Franco me puso a cargo.
Manuel: Pablo, dale, boludo, sabés que lo hago.
Pablo: Si estuvieras igual de preocupado por el trabajo que por hablar con Mia cada cinco minutos, esto no hubiese pasado, así que andá a la habitación y dejame a mí hacer mi trabajo.
ESTÁS LEYENDO
Solo una oportunidad más
Fiksi Penggemar2 años después de terminar el colegio,nuestros protagonistas vuelven a salir a de gira,solo que las cosas están un poco diferentes,nuevos problemas,nuevos personajes,nuevas perspectivas de vida,un nuevo camino. (Es la continuación de mí otra histori...
