Narra Marizza
Me levanté a eso de las 6:30, más temprano de lo habitual, pero quería bañarme antes de ir al trabajo, ya que hoy era lunes y yo entraba más temprano y salía también más temprano.
Ayer, que fue domingo, no estuve en casa en todo el día; sí, estaba evitando la conversación pendiente con Pablo. No habíamos hablado en todo el día casi, solo lo necesario, y ayer volvió a dormir solo; esta vez se fue al cuarto de invitados, por lo menos.
Yo estuve todo el día con Sonia y con Mia haciendo cosas de su boda, que ya se acercaba; menos de un mes faltaba y eso pasaba en un pestañeo.
A la noche, cuando regresé, cerca de las diez, vi que Pablo me había dejado preparada la cena, otra vez; eso aflojaba algo dentro de mí, aunque no quisiera admitirlo: el hecho de que, por más que estuviéramos peleados, se preocupara así por mí.
Extrañaba dormir con él y sabía que teníamos una larga charla pendiente, pero yo igualmente seguía dándole vueltas a lo que me había dicho, porque me había lastimado, y después sentí bronca cuando cedí y terminé casi besándolo; después de escuchar lo que él dijo, fue como si me cayera un balde de agua fría que me despertó.
Me vestí rápidamente porque ya era un poco tarde y bajé; me preparé un café y escuché cómo sonaba la alarma de Pablo desde la habitación. Agarré mi café y me fui de casa antes de que se despertara, para no tener que cruzármelo y volver a pasar un momento incómodo, que prefería ahorrármelo.
Narra Pablo
Me desperté al primer ruido que hizo mi alarma; instintivamente me giré en la cama para despertar a Mar, hasta que me di cuenta de que no estaba, y ni siquiera estaba en mi habitación. Me sentí un idiota.
Un idiota por extrañarla.
Un idiota por todo lo que dije.
Un idiota por todo lo que no le dije.
Un idiota por no hablarle.
Odiaba estar así, realmente lo odiaba, y también odiaba sentirme un mal marido; minimicé lo que ella sentía, la juzgué casi por ponerse celosa por Emilia, cuando yo sé que en su situación me hubiera puesto peor y ella no me hubiese cargado.
Pero, a la vez, me molestaba mucho la forma que tenía Marizza de cerrarse; de cuando sentía que algo estaba mal o diferente, en vez de venir a hablarlo conmigo, se cerraba y se alejaba, se martirizaba sola con sus pensamientos, que probablemente la mayoría sean mentiras, antes de hablarlo conmigo.
Y si hablamos, después de días de venir distanciados, explota. Explota en una pelea; siempre era así, pero esta vez parecíamos los de tercer año, realmente me sentí así. Esa mezcla de ganas de matarla y, a la vez, de besarla y decirle que la amaba, pero también no suficientemente cobarde como para no hacerlo.
Salí de una ducha de agua fría que quise darme para bajar todos esos pensamientos de mi mente. Me vestí y puse mis zapatillas; sonreí al darme cuenta de que me había puesto las mismas por las que Mar se había lastimado la muñeca al querer agarrarlas ella para no despertarme a mí.
Bajé a la cocina y vi que me había dejado el café en la cafetera; volví a sonreír, pensando en que tal vez ya era momento de actuar como un adulto y hablar con ella de una vez. Me serví el café en un termo y salí de casa, manejando hasta el trabajo.
Cuando entré, dispuesto a que lo primero que iba a hacer era hablar con Mar para que las cosas estén un poco menos tensas, vi algo que me hizo cambiar de opinión. Ella, hablando, o mejor dicho riendo, y riendo de verdad, no de esas risas que haces por compromiso, con Enzo. Sí, el chico que había venido hace unos meses por un trabajo y del cual yo ya había estado "celoso" en ese momento.
Rodé los ojos y apreté la mandíbula, pasando por al lado suyo para ir a mi oficina, contando hasta mil, hasta que Manuel me paró.
Manuel: hola, buen día, o no tan buenos.
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Solo una oportunidad más
Fiksi Penggemar2 años después de terminar el colegio,nuestros protagonistas vuelven a salir a de gira,solo que las cosas están un poco diferentes,nuevos problemas,nuevos personajes,nuevas perspectivas de vida,un nuevo camino. (Es la continuación de mí otra histori...
