163

204 19 46
                                        

Narra Marizza

Habían pasado dos semanas ya desde que habíamos vuelto de la quinta. Volver a la rutina siempre es difícil, y más cuando la mayoría habíamos dejado trabajo atrasado.
Pero era lo que tocaba, y ya bastantes vacaciones habíamos tenido.

Ahora estaba almorzando con Mia en el trabajo, organizando algo de su boda, para la que faltaba cada vez menos y la emoción se sentía en el aire.

Mia: entonces, ¿te parece bien? ¿No es medio cursi?

Marizza: a ver, si me lo preguntás a mí, sí, porque no soy alguien cursi, pero la idea me gusta.

Mia: entonces queda, bombones de forma de corazón en el plato de todos, con sus nombres para que identifiquen su lugar.

Marizza: sí —reí— me parece bien, y anotá que el mío esté relleno de dulce de leche.

Mia: anotado. Hablando de cursi, mañana es San Valentín, estoy emocionada por ver qué preparó Manu.

Marizza: ni siquiera me acordaba de esa fecha estúpida.

Mia: ¿cómo estúpida, Mar? Es algo muy romántico, ¿vos y Pablo no lo festejan?

Marizza: supongo que no, Pablo no debe estar ni enterado de que estamos en febrero, así que no creo que hagamos nada.

Mia: qué aburridos, decile entonces.

Marizza: ¿para qué voy a decirle? ¿Vos le dijiste a Manu?

Mia: obviamente, se lo vengo recordando desde que empezó febrero, para que tenga tiempo de preparar algo romántico y especial.

Marizza: —rodé los ojos— ¿como qué?

Mia: como una cena romántica, o una salida especial, algo así —sonreí risueña—.

Marizza: me parece un día como cualquier otro, no necesito una fecha para celebrar mi matrimonio, lo hago todos los días.

Mia: ay, qué cursi sonaste.

Marizza: callate, Mia. Sí, soné cursi, pero es verdad, si me preguntaras lo que haría yo...

Mia: ¿qué harías vos, a ver, señorita "no me importa San Valentín porque soy una superada"?

Marizza: cenaría en casa, en el jardín, una buena comida, vería una película de terror comiendo un kilo de helado y después cogería mucho.

Mia: ¡ay, Marizza! ¡Qué ordinaria!

Marizza: —me alcé de hombros— como sea, eso haría, sobre todo la parte final —me reí sola—.

Mia: qué vulgar que sos, nena, no tenés remedio.

Marizza: lo sé, en fin, sigamos y cambiemos de tema.

Mia: okey, pero acordate de lo que te digo.

Marizza: mañana va a ser como cualquier otro día, Mia, no jodas.

——————

Al siguiente día me desperté con mi alarma de las 9 sonando, me estiré y bostecé. Pablo no estaba porque se había ido más temprano, al horario de siempre, pero yo hoy, por suerte, podía entrar más tarde.

Me levanté de la cama y fui al baño a cepillarme los dientes y lavarme la cara, al salir elegí mi atuendo; primero me puse un jean celeste con una remera blanca, pero al verme al espejo negué y me saqué la ropa, hoy hacía calor. Probé con un vestido básico blanco, pero también lo dejé porque era mucho para el trabajo y ahí pensé: ¿desde cuándo yo me preocupo tanto por la ropa? ¿Qué importaba San Valentín?

Solo una oportunidad másHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora