Narra Marizza
Llegué a casa todavía con el cansancio del trabajo en el cuerpo, me saqué los zapatos de una patada y colgué mi campera en el perchero de la entrada.
Saludé a Bell y me tiré en el sillón, sacando un suspiro largo de satisfacción por llegar a mi casa y una sonrisa al recordar que mañana era sábado.
Pablo todavía no había llegado, llegaría en una hora o poco más. Era el momento de hablar, creía; no sé si él quiera o no, pero estoy cansada de estar así con mi esposo, con la persona que más amo. Sí, sigo un poco dolida y tal vez enojada, pero ya era hora de hablar las cosas como dos personas grandes que éramos.
La charla con Mía me había ayudado bastante a decidir esto, aunque genuinamente estaba nerviosa por hablar, no sabía ni cómo empezar.
Subí a la habitación y entré al baño para bañarme y tratar de relajarme. Al salir me puse ya mi pijama y bajé al sillón nuevamente, prendí la televisión y me acosté de costado con Bell apoyada en mi brazo. Mi celular sonó y bufé al darme cuenta de que estaba en el bolso, el cual había dejado en la cocina. Me levanté de mala gana y atendí, volviendo a acostarme.
Llamada
Marizza: hola?
Sonia: hola, mi cielita, ¿cómo estás?
Marizza: bien, ma, nos vimos a la mañana, ¿qué pudo haber cambiado?
Sonia: siempre tan simpática vos con tu madre.
Marizza: -reí- ya, ¿qué pasa?
Sonia: te quería invitar a cenar, bueno, a vos y a Pablito. Invité a los otros enamorados y a Luji. Hace tiempo que no tenemos una cena familiar y, bueno, es viernes.
Marizza: ah, sí... me encantaría ir, ma, pero justo terminé de preparar la cena acá en casa.
Sonia: ¿vos? ¿a las seis y media de la tarde? ¿pensás que no conozco a mi hija?
Marizza: de verdad, si querés te mando foto.
Sonia: no quiero una foto trucha, quiero saber por qué mi hija no está aceptando venir a comer en vez de cocinar.
Marizza: -suspiré- estoy peleada con Pablo.
Sonia: ¿qué pasó, marizita?
Marizza: muchas cosas, la verdad, y no creo que tenga ganas de ir a cenar hoy.
Sonia: yo lo llamo si querés.
Marizza: no, no, en un rato va a llegar y vamos a hablar. Si logramos reconciliarnos, ahí estaremos.
Sonia: no les creo, ¿sabés? Los conozco como si los hubiera parido a los dos. Si se reconcilian, hay menos probabilidades de que vengan porque se van a quedar haciendo chanchadas.
Marizza: -me reí- bueno, tenés un punto, ¿qué querés que haga entonces?
Sonia: vengan los dos, no me importa si peleados o no. Y quiero que me cuentes todo, porque ya hace días que te venía viendo apagada y pensaba que era idea mía.
Marizza: está bien, te aviso más tarde.
Sonia: a las 9 en casa.
Antes de que pudiera decir algo, me cortó. Me reí sin poder creer que Sonia nos conociera tanto y dejé el celular boca abajo en la mesita.
Estaba casi quedándome dormida sin darme cuenta cuando escuché la puerta abrirse y, justo atrás, Pablo entrando.
Se me cortó la respiración un segundo y mi mirada fue hasta él. Su cara mostraba un evidente cansancio, el mismo o peor que el mío. Me vio y corrí rápido la mirada, vi de reojo cómo sonreía chiquito. Dejó sus cosas en la entrada y fue a la cocina.
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Solo una oportunidad más
Fanfiction2 años después de terminar el colegio,nuestros protagonistas vuelven a salir a de gira,solo que las cosas están un poco diferentes,nuevos problemas,nuevos personajes,nuevas perspectivas de vida,un nuevo camino. (Es la continuación de mí otra histori...
