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Narra Pablo

No podía dejar de pensar en la pelea que habíamos tenido. Ni siquiera había conseguido distraerme jugando al fútbol. Tal vez fui muy hiriente con las palabras que usé, pero también estoy cansado. Y también tengo que admitir que estoy cansado de estar peleando y alejado de ella, quiero tenerla cerca, la necesito cerca, pero cuando se pone histérica y a la defensiva no la puedo ni ver.

Sé que le habían dolido mis palabras; tal vez por eso me sorprendió llegar y no encontrarla en el sillón llorando, sino arreglándose para salir, y ni siquiera me había dicho con quién ni a dónde iba a salir. Eso sí me había molestado, yo sí le había dicho que me iba a jugar a la pelota.

Con respecto a Emilia, sus celos, porque claramente ella está celosa, no tienen sentido. No mencioné que estábamos casados porque realmente no tuve la oportunidad; hacía menos de un día que la conocía y ese día había sido demasiado atareado, supuse que se había dado cuenta sola, es bastante evidente.

Tenía muchas ganas de arreglar las cosas y sé que ella está esperando que yo me acerque y trague el orgullo. Y si bien a mí no me molestaría hacerlo porque no soy tan orgulloso como ella, pero ella había elegido alejarse y, si bien ninguno estaba actuando bien y ambos dijimos e hicimos cosas que nos dolieron al otro, ninguno iba a aceptarlo.

Bell estaba dormida en mi regazo mientras yo miraba una película comiendo helado, no sabía quién lo había traído pero agradezco, y por lo menos tenía a esta perra de mi lado. Me di cuenta de que ya era bastante tarde y estaba anocheciendo, no quería mandarle un mensaje, realmente no, pero ya me estaba preocupando, y su seguridad va por encima de cualquier pelea tonta. Agarré el celular y escribí:
"todo bien? donde estas", borré; "es tarde, te voy a buscar", borré rápido; "a que hora pensas volver, ya es tarde", volví a borrar.

Suspiré y al final solo mandé un "donde estas" y seguí mirando televisión.

Pasaban los minutos y no contestaba, me preocupé más pero traté de tranquilizarme diciéndome que probablemente no me conteste a propósito o porque sigue enojada. Pasó una hora y seguía sin contestarme ni llegar a casa, no me quedó de otra que llamar a Manu y pedirle que la llamara él sin decirle que yo se lo había pedido. A los dos minutos me llamó Manu diciéndome que estaba bien, que se escuchaba tranquila.

Maldita de mierda.

Esperé ahora sí tranquilo a que llegara y cuando escuché el ruido del motor afuera supe que había llegado. Entró y la vi sacarse los zapatos y dejar las llaves en el recibidor, fue a la cocina sin mirarme ni nada y ahí dije, alto, para que me escuchara.

Pablo: te costaba mucho responder un mensaje, ¿no?

Marizza: sí, demasiado —respondí irónica—.

Rodé los ojos ya fastidiado y con cuidado saqué a Bell de encima mío para levantarme e ir a la cocina. La encontré sirviéndose agua, mirándome expectante y a la vez con cansancio.

Pablo: tanto te costaba poner que estabas bien, o decirme dónde fuiste.

Marizza: no te debo explicaciones de nada, Pablo —dije cortante—, me fui por ahí y punto, ahora ya estoy acá.

Pablo: sí, pero... pero me preocupé.

Vi que su mirada dura había aflojado un poco, pero no demasiado, enseguida empezó a sacar cosas de la heladera para hacer algo.

Marizza: voy a hacer la cena porque ya es tarde.

No dije nada, solo me quedé y le alcanzaba cosas si me las pedía, pero empecé a mirarla distinto, recién ahora me había dado cuenta de lo linda que estaba. Inconscientemente fuimos acercándonos más, como si fuera algo que ya tuviéramos incorporado, el toque de nuestros dedos cuando le pasaba algo, lo cerca que nos pasábamos por al lado del otro rozándonos.

Solo una oportunidad másHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora