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Narra Marizza

Abrí los ojos lentamente al sentir a Bell lamiéndome la cara. Sentí todo el cuerpo de Pablo abrazándome y sonreí, pero en cuanto miré a mi alrededor me sorprendí: ¿realmente nos habíamos quedado dormidos en el jardín? Y encima en el suelo.

Teníamos una manta tapándonos, y menos mal que era febrero porque, si no, nos íbamos a enfermar. Me separé de sus brazos lo suficiente como para agarrar el celular y vi la hora; tarde no, tardísimo.

Marizza: Ay no, Pablo, Pablo, amor —dije moviéndolo un poco—.

Pablo: Mhm, ¿qué?

Marizza: ¡Son las ocho!

Pablo: No me digas que nos quedamos dormidos.

Marizza: Sí, Pablo, y encima en el jardín. ¿Cómo es que no nos dimos cuenta?

Pablo: —Me refregué los ojos y me senté—. Me duele todo.

Marizza: Y... el pasto no suele ser muy cómodo, amor —me reí—.

Pablo: Tarada —reí—. Se ve que estábamos cansados en serio.

Marizza: Sí, mucho. Pero dale, arriba, nos vestimos y salimos corriendo.

Pablo: —Suspiré—. Vamos, dale. Buen día —beso—.

Marizza: —Sonreí contra su boca—. Buen día, pabli.

Pablo: Ahora sí, vamos.

Sonreí negando con la cabeza y me levanté. Subí a la habitación casi corriendo a vestirme y me puse lo primero que encontré. Me miré en el espejo y abrí los ojos sorprendida; hoy no era mi mejor día, pero por lo menos había descansado anoche. Bajé a agarrar las cosas y, mientras esperaba que Pablo terminara de cambiarse, busqué pastillas para el dolor muscular. Pablo bajó perfumándose y rodé los ojos.

Marizza: Tomá, amor —le di la pastilla y un vaso de agua—. El cuerpo no es el mismo que a los 15 eh.

Pablo: —Me reí—. Definitivamente. ¿Ya estás lista?

Marizza: Sí, dale, vámonos.

Subimos al auto y Pablo manejó más rápido de lo normal hasta el trabajo. Por suerte no era tan tarde, por lo menos para mí; solo había entrado 20 minutos más tarde de siempre. Pablo, en cambio, tenía reunión hoy temprano, por eso estaba tan estresado y preocupado. Espero que no se lleve ningún sermón de Franco.

Mia: Buen día, hermanita. Tu cara me dice que querés café.

Marizza: Sí, por favor.

Mia: Ya te traigo.

Me senté en mi escritorio y prendí la computadora. Vi que tenía varios mails sin abrir de mi cuenta personal, pero no les di mucha importancia. Mia, que trabajaba al lado mío, volvió con una taza de café de la cafetera que estaba en la empresa hace mil años, pero que igual seguía haciendo cafés decentes, y hoy no tenía pretensiones.

Mia: Tomá, algo me dice que cumpliste tu fantasía de San Valentín.

Marizza: —Sonreí chiquito y asentí mientras me llevaba la taza a la boca—. Así fue.

Mia: ¿Cómo estuvo?

Marizza: Hermoso, la verdad. Pablo preparó una cena en el jardín, todo muy romántico, y un proyector con mi película de terror favorita. Me compró helado y otras cosas más.

Mia: —Sonreí—. Qué lindo, tan bien la pasaron que llegaron tarde.

Marizza: Ay sí, me desperté en el jardín, en el suelo. Nos quedamos dormidos ahí, ¿entendés?

Solo una oportunidad másHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora