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Narra Marizza

Mañana Pablo se iría a Francia con Manuel. Ya había tenido que resignarme a la idea de que no importa qué tanto le rogara que se quedara, él tenía que ir de igual manera, a mi pesar.
Y, para colmo, hoy había ido a tomarse un "café" con Tomás y con Guido porque salió temprano del trabajo. Estaba segura de que iban a terminar tomándose una cerveza y que iba a tardar más de dos horas.

Lo titulé como un marido abandonico y se me rió a carcajadas en la cara el muy cínico.

Estaba ahora acostada en el sillón de mi casa, tapada con una manta, mirando una película con Bell dormida en mi pecho. Ella iba a ser mi compañía los días que Pablo no esté.
Y seguramente la pesada de Mia, pero bueno, siempre puedo no abrirle la puerta...

Se me ocurrió la idea de hacerle a Pablo su comida favorita y esperarlo con la cena ya hecha. Había ya hecho lasaña varias veces y admito que me sale espectacular, siendo modesta. Lo pensé varios minutos porque me daba una pereza enorme levantarme del sillón calentito para ponerme a cocinar, que era una de mis cosas menos favoritas, pero pensé en la cara de Pablo cuando llegue y vea la mesa decorada y una lasaña en medio, y sonreí ya levantándome hacia la cocina.

Puse música en la televisión fuerte como para escucharla desde la cocina. Me até el pelo y puse un delantal para empezar a cocinar la lasaña, que, por suerte, no tenía que hacer la masa porque Pablo había comprado las que ya venían hechas y solo tenías que hidratarlas. Terminé de hacer las dos distintas salsas, de cortar el jamón y sofreír la verdura, y empecé a armarla. El olor invadía toda la cocina, ya me había dado hambre. La metí en el horno a mínimo para que el queso se gratinara y aproveché para irme a duchar.

Cuando salí me puse mi pijama. Había pensado seriamente en ponerme un vestido, pero desistí rápidamente de la idea, íbamos a tener sexo de todas formas. Bajé a la cocina y revisé el horno, por suerte no se había quemado. Preparé la mesa, puse dos copas y un vino que teníamos guardado para ocasiones especiales y dos velas, acomodé los platos, las servilletas y volví a sentarme en el sillón a esperarlo, ahora con una sonrisa tonta en la cara.

Bell vino corriendo a sentarse en mi regazo y sonreí acariciando su cabezita. Estaba totalmente distraída cuando escuché las llaves y la puerta abriéndose. Dejé a Bell en el sillón y me paré casi corriendo hasta la entrada. Pablo entró y me miró extrañado cuando vio que más o menos lo estaba esperando atrás de la puerta.

Pablo:hola amor-me saludó con un beso- ¿todo bien?

Marizza:¿tenés hambre?

Pablo:sí, más o menos, ¿por? ¿querés pedir algo? Tenía pensado bañarme antes de cenar.

Marizza:es que hice algo...

Pablo:¿qué hiciste?

Marizza:pero es una sorpresa, cerrá los ojos y no hagas trampa.

Pablo:ay, vos y tus sorpresas me preocupan.

Marizza:dale, tarado, cerrá los ojos.

Cerró los ojos con desconfianza mientras yo tomé su mano para llevarlo al comedor, fijándome que no abriera los ojos. El olor creo que fue el primer delator de mi sorpresa porque vi cómo Pablo contenía una sonrisa solo para que yo no creyera que ya sabía lo que era.

Marizza:ahora abrilos.

Abrió los ojos y me miró a mí sonriendo. Me tomó de la cara besándome desesperadamente, haciéndome reír.

Marizza:¡pará amor!-le dije riendo- solo es una cena.

Pablo:te amo Mar-volvió a besarme- cocinaste mi comida favorita para mí.

Solo una oportunidad másHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora