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Narra Marizza

Sábado, finalmente el día más esperado de la semana; todos sabemos por qué. Y más después de una semana tan larga y agotadora como la que tuve.
Es el día que no planeaba hacer absolutamente nada: si podía no levantarme de la cama, lo iba a hacer.

Desperté y me estiré como pude para agarrar mi celular y ver que tenía bastantes mensajes. Sin querer puse un video con volumen alto y Pablo se quejó todavía dormido; me reí por su cara y bajé el sonido. Puse algunos audios de Luji que me decía que hoy iba a pasar el día con Marquitos en el campo, y después de hacerle una decena de chistes con doble sentido apagué el celular y me giré en la cama para ver a Pablo. Sonreí y me acerqué abrazándolo; me había agarrado uno de esos ataques de amor donde no podía soltarlo y hasta me daban ganas de morderlo, cosa que sé que no se quejaría. Estaba tan lindo, tan tranquilo durmiendo; acaricié su mejilla, su pelo, hasta que lo escuché hablar por fin.

Pablo: —¿Tan difícil es despertarme así todos los días? ¿En vez de con un grito?

Marizza: —(reí) Lo es; ahora fue porque me dio un ataque de ternura.

Pablo: —¿Ah sí? Lo voy a aprovechar entonces.

Sonreí y me pegué a su cuerpo abrazándolo mientras repartía besitos en mi cuello.

Marizza: —Nos despertamos cariñosos hoy, ¿eh? (puse mis manos en su pecho).

Pablo: —Sí. (beso)

Marizza: —¿Podemos no hacer nada en todo el día?

Pablo: —Por favor, estoy muerto.

Marizza: —Yo también.

Pablo: —Aunque... ¿no tenés ganas de absolutamente nada? (alcé las cejas)

Marizza: —(me reí mordiéndome el labio) Mmm sí, de comer algo.

Pablo: —¿Y de otra cosa?

Marizza: —Déjame pensar —me hice la pensativa— no creo que no, ¿por qué?

Pablo: —Porque yo sí tengo ganas de hacer algo.

Marizza: —¿Sí? ¿De qué? —me acerqué a su boca.

Pablo: —De estar con vos.

Marizza: —¿No estabas muerto?

Pablo: —Se arregla rápido eso.

Me reí negando con la cabeza antes de lanzarme a besarlo con pasión; me tomó de la cintura poniéndome encima de él en la cama y sonreí a mitad del beso.

Marizza: —Te amo.

Pablo: —Yo también te amo.

Marizza: —Y muero de hambre también.

Pablo: —(me reí) Sos terrible, eh.

Marizza: —¿Yo? Vos sos el que tiene las hormonas revolucionadas como si fueras un adolescente.

Pablo: —¿Qué te hacés? Si vos sos peor que yo.

Marizza: —Vamos a comer, Romeo, dale.

Pablo: —Después no safás, te aviso.

Marizza: —Tenemos todo el día.

Pablo: —Y toda la vida.

Marizza: —(sonreí) Y toda la vida.

Lo besé y nos levantamos de la cama. Bajé a la cocina y agarré un paquete de galletitas; hoy, lo último que tenía ganas era de cocinar. Salí al jardín con el mate en la mano e inspiré el aire fresco; no había un ruido molesto. Apreté mis dedos sintiendo el pasto y enseguida escuché a Bell correr hacia mí; me reí y la alcé.

Solo una oportunidad másHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora