noventa y dos

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NARRADOR OMNISCIENTE

Dave divagaba en sus pensamientos. Pero no estaba seguro de si estaba en el lugar en el que estaba, ni estaba seguro de estar en sillón en el que estaba y tampoco del día que pensaba que era.

No estaba seguro de nada.

El valium estaba consumiendolo poco a poco. Lo sabía. Pero no importaba.

Le alegraba ver a Anne, con el abdomen abultado, con esa sonrisa que ella siempre tenía para él dispuesta a perdonarle todo.

Dispuesta a perdonarle lo que había hecho días antes: Acostarse con una bartender pelinegra.

—Estás confundido. Estás pasando por una situación difícil, te perdono —le dijo ella, con la nariz roja y la voz débil.

Pero no podía centrar su cabeza en su esposa ni en el bebé que ella llevaba dentro. La quería, amaba a su hijo y anhelaba tomarlo en brazos y besarle la frente.

Pero no soportaba que Anne fuera tan condescendiente con él. A pesar de que le gustaba la forma en la que sus ojos se achicaban y brillaban cuando sonreía, y la forma en la que sus dientes blancos sobresalían de sus labios de manera recta y pulcra, le frustraba su empatía.

Quería que le gritara.

Quería consecuencias.

Sabía que Anne no merecía lo que le hacía. Sabía que la hería, pero no tenía la fuerza suficiente para alejarse.

Se sentía atrapado en ella. La quería, sí, pero tal vez no lo suficiente. Al menos eso pensaba de vez en cuando.

Luego de la muerte de su madre, todo se vino abajo.

Volvió a cosumir más sustancias, como si tuviera veinte otra vez.

Como si no tuviera una responsabilidad.

Se sentía como en el mar de Venice Beach, cuando la marea era alta, una ola tras otra lo golpeaba y no lo dejaban salir a la superficie.

Se sentía ahogado.

—¿A dónde fuiste? —preguntó Dave, con los ojos entrecerrados debido a la luz solar que entraba por el ventanal de su nueva casa.

—Fui con Jakey —respondió Anne con simpleza, dejando su bolso en el sofá frente a su marido.

—¿Por qué no me avisaste? —replicó Dave, casi ofendido y a regañadientes, aún con los ojos entrecerrados. Hacía poco despertó, luego de haber tomado una considerable cantidad de valium y haberse quedado totalmente inconsciente en el espacioso sofá blanco de gamuza.

—Estabas inconsciente, Dave. El trasero se te quedará pegado a ese estúpido sofá —lo señaló y luego se cruzó de brazos. Lo miraba con desesperacion, sin saber qué decir y sin saber qué tono usar —. No estoy segura de que te interese a dónde voy.

—Anne... —gruñó Dave, acomodándose en el sofá, con los músculos adoloridos y el cuello entumecido. Pasó sus manos por su cabello y suspiró — ¿Para qué fuiste con Jakey? —preguntó incrédulo, casi mofándose del apodo del viejo amigo de Anne.

—¿Enserio? —preguntó ella. Rió sin gracia y negó con la cabeza — Bueno, Dave. No me haces caso. Te intento hablar y tú solo me ignoras. No me la pasaré aquí encerrada como prisionera. He intentado comunicarme pero lo único que haces es huir de casa o tomar esas putas pastillas —señaló el valium que reposaba en la mesita de cristal en medio de la sala.

—No empieces con eso, no tengo ganas de... De esto. —masculló, mirando sus manos entre sus piernas.

—¿No tienes ganas de hablar, Dave? —preguntó Anne. Dave la miró, ella tenía una mueca de frustración que ya comenzaba a ser familiar — Pero claro, tienes ganas para cogerte a meseras y para tomar toda esa mierda que tomas, tienes ganas de desaparecer de casa y de no verme a mi, ni a tu hijo que está por nacer. Tienes ganas de todo, menos de hacerte cargo de tus responsabilidades. Y sabes no me refiero a mi, Dave. Quiero entenderte, de verdad lo quiero pero no sé cómo.

𝕻𝖗𝖔𝖒𝖎𝖘𝖊𝖘  ☆𝕯𝖆𝖛𝖊 𝕸𝖚𝖘𝖙𝖆𝖎𝖓𝖊 / 𝕴𝖟𝖟𝖞 𝕾𝖙𝖗𝖆𝖉𝖑𝖎𝖓 ☆Donde viven las historias. Descúbrelo ahora