noventa y cinco

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MADELINE


—Vamos, no quiero que me veas orinar, Jeffrey —me quejé, señalando la puerta del baño para que se saliera.

Él rodó los ojos y sonrió.

—Vamos, he escuchado de mujeres embarazadas que se cagan encima. Estoy listo para todo, cariño —dijo divertido.

Fruncí el ceño y lo miré mal.

—Jeff, basta —chillé.

Él rodó los ojos y sonrió.

—Me daré la vuelta, ¿está bien?

Lo miré con seriedad, pero solo asentí con la cabeza, no muy segura de querer que se quedara a escuchar.

Él se dio la vuelta y miró hacia la puerta.

Hice lo que debía hacer, oriné dentro de aquel recipiente pequeño de plástico que parecía estar hecho para eso. Mamá había pensado en todo.

Eran las cinco de la mañana. Debía de funcionar.

Cuando terminé de hacer lo mío, metí las pruebas en el botecito, con las manos temblando. Era asqueroso, pero ya estaba.

—¿Ya puedo darme la vuelta? —preguntó Jeff.

Asentí con un sonido gutural.

Lavé mis manos y atrapé a Jeff observándome por el espejo.

—¿Y si... y si solo estamos haciendo el ridículo? —hablé cabizbaja—. ¿Qué tal si esto... esto no es real?

Él presionó los labios y se acercó a mí.

—Entonces tendremos más tiempo para intentarlo, cariño —dijo, dando un beso en mi frente—. Pasará cuando tenga que pasar, y yo me quedaré contigo —agregó apacible—. ¿Te parece si esperamos en la cama?

Le sonreí suavemente y asentí.

Él me tomó de la mano y me llevó de vuelta a la habitación.

Nos sentamos en la orilla.

—Mierda, estoy muy asustada, Jeff —dije, recargándome en su pecho y abrazándolo de la cintura. Apenas podía hablar; sentía que mi mandíbula temblaba, como si tuviera escalofríos.

—Si te soy honesto... —hizo una pausa; frunció ligeramente el ceño y noté la manera tensa en la que tragó saliva. No me miraba, mantenía los ojos al frente—, también lo estoy, pelirroja —soltó una suave risa nerviosa, sin gracia—. Pero si el resultado sale positivo... —se quedó unos segundos en silencio, acariciando mi brazo, parpadeando lentamente y tensando la mandíbula— bueno, sería genial, ¿sabes?

Parecía nervioso. Demasiado. Pero fue inevitable no sonreír ligeramente debido a sus palabras.

—Alguna vez llegué a pensar que tú no querías esto, Jeff —confesé sin rodeos, aterrada y aferrándome a la tela de su camiseta de dormir—. Yo... no quiero que te sientas obligado a esto —levanté la mirada para verlo mejor. Tal vez su rostro decía algo diferente.

Él sonrió y negó con la cabeza; rió entre dientes, como si le hubiese dicho algo absurdo.

—Nena, ya te lo dije antes —chasqueó la lengua y sonrió ligeramente; habló con esa serenidad tan propia de él. Bajó la mirada y arqueó una ceja—. Quiero todo lo que implica una vida contigo, y esto... —rió de manera áspera, negando con la cabeza— esto es más que perfecto.

Inevitablemente sonreí. Sus palabras fueron reconfortantes y exactas.

—¿Estás seguro? —pregunté nerviosa, sin dejar de jugar con mis dedos.

𝕻𝖗𝖔𝖒𝖎𝖘𝖊𝖘  ☆𝕯𝖆𝖛𝖊 𝕸𝖚𝖘𝖙𝖆𝖎𝖓𝖊 / 𝕴𝖟𝖟𝖞 𝕾𝖙𝖗𝖆𝖉𝖑𝖎𝖓 ☆Donde viven las historias. Descúbrelo ahora