NARRADOR OMNISCIENTE
Madeline estaba nerviosa. Era la primera vez que estaba dentro de un quirofano.
Aunque el procedimiento no requería de alguna una clase de incisión, la doctora le había dicho que podía ser riesgoso para su útero debido al instrumental y al proceso en general.
—¿Estás lista? —preguntó apacible la enfermera. Madeline asintió con la cabeza y tragó saliva. La mujer colocó el inhalador en su rostro con sumo cuidado y Madeline percibió un olor a químico a los pocos segundos — Cuenta hasta diez, cielo —dijo la mujer mientras acariciaba su mejilla.
Una lágrima resbaló por su rostro y empezó a contar con los ojos cerrados. Estaba aterrada.
—Uno, dos, tres —su voz comenzó a hacerse más lenta —... Cuatro... Cinco...
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Madeline reía desenfrenadamente mientras su abuela la perseguía.
La arena bajo sus pies era caliente y las olas de mar chocaban contra ellos como si fuesen frazadas.
—Ven acá, jovencita —dijo su abuela detrás de ella, fingiendo que no podía atraparla y que la quería regañar. Pero las piernas de Madeline era cortas, tan solo tenía seis años. Y aunque su abuela ya era grande, todavía podía correr con facilidad, la podía atrapar en cualquier momento.
Madeline reía y dejaba que el sol la quemara.
Su cabello alborotado y enredado chocaba con su rostro debido a la brisa natural de la playa.
En ese momento, mientras corría siendo una pequeña niña, sabía que su única preocupación era que su abuela no la atrapara para ponerle protector solar.
Quería brincar sobre las olas, tal vez caminar sobre el agua como muchos decían que Jesús podía hacer, ella creía que también podía. Quería construir enormes castillos de arena, que llegaran al cielo y acariciaran las nubes, tal vez subirse a una y tocar el sol.
Su risa infantil y las olas chocar era lo único que escuchaba.
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—Seis... —el sol se convirtió en varios destellos de luces blancas y aburridas — Siete...
Las luces desaparecieron y todo se volvió oscuro.
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MADELINE
Los rayos del sol me deslumbraron al abrir los ojos con lentitud. Mi garganta picaba y comencé toser inmediatamente para que la molestia desapareciera. Mi abdomen dolía cada vez que me esforzaba para que la sequedad se fuera.
Miré a mi alrededor. Estaba en una aburrida habitación de cuatro paredes blancas con una enorme ventana blanca que dejaba entrar libremente la luz solar.
La calefacción estaba encendida y olía a desinfectante.
Cuando pude calmar la tos, dejé caer mi cabeza en la incómoda almohada.
Podía ver por la ventana solo las ramas de un árbol con pequeñas hojas verdes y amarillas, el cielo azul y despejado, brillante por el sol de Milán.
A mi lado, había una mesita alta con un jarrón con crisantemos. No me gustaban las crisantemos.
Me gustaban las flores con pétalos grandes y abiertos.
Miré la pulsera de papel en mi mano con una etiqueta rosa con mi nombre. Tenía una intravenosa de suero y tenía cobijas rosas pastel cubriéndome de los pies a la cintura.
Me sentía agotada. Realmente lo estaba. Todo mi cuerpo dolía.
Y era extraño. Porque seguía sintiendo con más intensidad aquel vacío en mi vientre.
El feto estaba calcificado, ni siquiera había llegado a crecer lo suficiente para ser bebé, era una roca.
¿Como iba a saberlo?
¿Qué hubiera pasado si el feto se hubiera implantado en su puto lugar?
Una vez mas estaba llorando.
La puerta se abrió y Lisa entró. Le había pedido que viniera a acompañarme, no queria decirle a nadie más, ni sisiquiera a mi abuela. Lisa no dudó ni un momento en hacerme compañía.
Limpié mis lagrimas rápidamente pero se dio cuanta. Cerró la puerta detrás de ella y se acercó hasta mi con lentitud.
Hizo un puchero que ya conocía, también iba a llorar. Se sentó junto a mi y tomó mi mano.
—No sé por qué me duele tanto, Lisa —dije en un hilo de voz —. Me siento como si algo estuviera muy mal conmigo, o como si me hubieran quitado algo que solo me pertenecía a mi pero eso ni quiera... —no puede terminar de concluir mi idea porque ni siquiera yo estaba segura de lo que decía.
Lisa mordió su labio inferior y se encogió de hombros.
—Lo sé —ella comenzó a llorar conmigo. Se acercó hasta a mi y me abrazó con fuerza —. Lo siento tanto, Maddie.
Comencé a llorar sobre su hombro, con el vientre aún doliendome. Pero ese dolor no era comparado con mis emociones dispersas, con la mente agotada y el alma rota.
Me sentía incompleta.
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𝕻𝖗𝖔𝖒𝖎𝖘𝖊𝖘 ☆𝕯𝖆𝖛𝖊 𝕸𝖚𝖘𝖙𝖆𝖎𝖓𝖊 / 𝕴𝖟𝖟𝖞 𝕾𝖙𝖗𝖆𝖉𝖑𝖎𝖓 ☆
Fanfiction¶|P - Los ochenta. Los Ángeles. El escenario perfecto para el heavy metal, los excesos y los recuerdos de medianoche hechos para dejar atrás. Madeline creyó que amar a Dave sería suficiente para persistir, pero Dave le enseñó que las promesas podían...
