DAVE
21 de enero, 1991
Milán
Podía resignarme. Tal vez podía hacerlo. No era un patético hijo de puta.
Lo que sentía por Madeline me estaba consumiendo. Yo ya tenía treinta y era momento de sentar cabeza.
No podía aferrarme al estúpido y absurdo amor que le tenía, porque ella parecía no quererme más.
Había escrito tanto sobre ella, mis libretas estaban llenas con palabras violentas con respecto a nuestra caótica relación y sobre mi estúpida distorsión del dolor que me provocó. Creí que todo había sido porque ella lo había decidido así, pero yo la aparté, yo la obligué a amar a alguien más.
La deseaba con euforia, la deseaba con calidez y yo no era una persona cálida. Madeline solía decir que lo era, pero no era así.
La deseaba con mi alma caótica.
Yo era la clase de persona que quemaba todo lo que tocaba, porque así lo quería. El orden de las cosas me sacaba de quicio y no podía acostumbrarme a la calma.
Sin embargo, Madeline me daba calma. Nadie lo haría como ella. Nadie tocaría mi cara con el amor que ella tenía para mi, nadie me miraría de aquella manera tan noble como sus ojos lo hacían. Nadie peinaría mi cabello con tanta ternura.
Nadie, absolutamente nadie me iba a aguantar como ella lo hizo.
Lo sabía, porque me conocía.
No era obsesivo, o tal vez sí. Sabía que podía resignarme, sí, lo sabía bien.
Pero no significaba que eso me hiciera feliz.
Entendía mis errores, tal vez merecía su rechazo. Pero, su rechazo era como si estuviesen enterrando dagas en mi garganta y en todas mis extremidades.
Se sentía como si todas esas promesas que alguna vez hicimos, estuvieran vacías. Si tan solo ella supiera que no las creía vacías, las había visto como algo posible.
Era como si todas esas personas a nuestro alrededor hubieran logrado apartarnos, todo esos prejuicios, todo ese veneno egoísta, habían ganado.
O tal vez yo era el único problema.
Vamos, solo necesitas dormir, Dave.
Miré el valium en la mesa de noche del hotel.
Tal vez solo necesitaba relajarme un poco.
Mi mente me estaba dando una mala jugada.
Como si fuera un niño incrédulo, tenía la esperanza de que si iba a dormir, al despertar toda la situación estuviera revertida.
Tal vez tenía la esperanza de volver al pasado, con Madeline en el garage de mamá, escuchándome tocar la estúpida guitarra mientras me decía si un acorde le gustaba o no.
Con Madeline tomada de mi mano, acompañándola a la universidad o ella acompañándome a alguna estúpida audición.
Con Madeline dándome besos suaves en la nariz para despertarme. Con Madeline insistiendome en dejar la cocaina.
En cualquier otro lugar o día, solo con Madeline haciendo cualquier cosa conmigo.
El valium me ayudaba para el insomnio.
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𝕻𝖗𝖔𝖒𝖎𝖘𝖊𝖘 ☆𝕯𝖆𝖛𝖊 𝕸𝖚𝖘𝖙𝖆𝖎𝖓𝖊 / 𝕴𝖟𝖟𝖞 𝕾𝖙𝖗𝖆𝖉𝖑𝖎𝖓 ☆
Fanfiction¶|P - Los ochenta. Los Ángeles. El escenario perfecto para el heavy metal, los excesos y los recuerdos de medianoche hechos para dejar atrás. Madeline creyó que amar a Dave sería suficiente para persistir, pero Dave le enseñó que las promesas podían...
