ochenta y uno

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MADELINE

Sonreí al sentir a Dougie sentarse sobre mis piernas, sin dejar de ver el agua cristalina y azulada frente a nosotros dos. Dougie y yo.

El aire ahí era más ligero, en el lago de garda. Olía a naturaleza y a pan recién horneado, me resultaba placentero, podía acostumbrarme a eso, a la gente campesina y amable, a los olores frutales y naturales, al sonido del agua del lago agitarse, y al sonido de las flores agitarse por el viento.

Era mí día de descanso. Necesitaba descansar de verdad. No trabajar hasta altas horas de la noche y limpiar a profundidad el departamento o atender la panadería de la abuela.

Quería un momento para mí.

Donde la gente no supiera lo cansada y herida que estaba. Donde la gente no supiera que habían sacado a un feto de mi.

Quería un lugar donde de Jeffrey no estuviese en cada esquina, con los recuerdos volviendo a golpearme como olas agresivas.

¿Por qué había hecho eso?

¿Por qué había buscando siquiera la atención de otra mujer? Como si yo no hubiese sido suficiente o como si hubiera dejado de existir para él, no solo mi amor desapareció para él en ese momento, toda yo dejó de existir. Las palabras compartidas, las noches cálidas donde dormíamos abrazados como si eso bastara para saber que todo iba a estar bien, nuestros planes y nuestros besos... Todo lo que eramos se había detenido como un reloj descompuesto, de golpe.

La seguridad que me había dado se había esfumado en tan solo segundos.

Lo mismo pasó con Dave. No sabía quien era más inseguro, si él o yo. Solo que nuestra pasión era juvenil y pensamos que la vida nos daría para más errores, sin pensar que los errores solo nos deshacían vivos, y sin saber que en algún punto cualquier rastro de confianza se esfumaría. Pensábamos que eramos intocables, pero al final del día las traiciones dolían.

Sentada ahí, frente al lago, sabía que las promesas nunca eran suficientes.

Las promesas de amor, las promesas de eternidad o de perdón, nunca iban a ser suficientes, se las llevaba el viento como pelusas, inservibles y frágiles.

La esperanza que Jeffrey me había dando me mantenía inquieta, aún sabiendo que ya no estaba. Lo esperaba día y noche, de manera absurda e irracional.

No quería hacerlo. Estaba cansada de esperar.

Estaba cansada de esperar a que las promesas se cumplieran, de que las disculpas valieran algo, de esperar a que las caricias se convirtiera en algo más que un sentimiento de excitación o que fueran más que palpables, quería que tuvieran voz propia para así saber qué significaban y tener certeza de algo.

Como si el tacto cálido de Jeff significara algo.

Como si una promesa de Dave fuera constante.

Mi vida se sentía como un fraude y eso me enfurecía. Me sentía como si viviera para amar, tenía que aceptarlo, adoraba la idea de romance y del amor puro. Pero me hacía sentir culpable, ¿por qué solo vivir para eso?

Con Jeff el amor llegaba a ser prurificador, pero desde la llamada con Duff me sentía patética.

No debía de darle explicaciones a Izzy.

Blue era mío.

Y de Dave también, pero, no sabía cómo se sentía él al respecto. Él solo me llamaba para preguntarme cómo estaba, con una voz suave que me lastimaba, no porque lo sintiera distante, al contrario, lo sentía más cerca que nunca. Pero no de la misma manera de antes. Él nunca decía cómo se sentía.

𝕻𝖗𝖔𝖒𝖎𝖘𝖊𝖘  ☆𝕯𝖆𝖛𝖊 𝕸𝖚𝖘𝖙𝖆𝖎𝖓𝖊 / 𝕴𝖟𝖟𝖞 𝕾𝖙𝖗𝖆𝖉𝖑𝖎𝖓 ☆Donde viven las historias. Descúbrelo ahora