MADELINE
Estuve dos días sin ir al trabajo. Había pescado un resfriado y la verdad era que no tenía ganas de salir de cama. Dougie me hizo compañía durante ese tiempo.
Martin llamó para preguntar cómo estaba. Jerry quiso acompañarme en mi soledad, pero no lo dejé. No quería ver a nadie, ni hablar con nadie, ni levantarme de cama.
Al tercer día, volví al trabajo, me arreglé como siempre y traté de no verme tan jodida. Las miradas que recibí fueron incómodas, algunos me miraban con recelo o ni siquiera me miraban. La recepcionista a duras penas me saludó. La secretaria de Martin, Gabriella, parecía odiarme más de lo normal.
Dos días llevaba en la oficina, y pasaron entre murmullos y miradas extrañas.
Hasta que no pude soportarlo más, y no quería ser cobarde y fingir que nada pasaba.
Tomé una bocanada de aire antes de salir de mi oficina.
Nacy me sonrió con amabilidad y se acercó para entregarme un paquete de plástico algo pesado.
—Los de la imprenta tienen listo todo, estas son algunas copias —dijo con entusiasmo. Nancy adoraba su trabajo y ella parecía ser la única no odiarme junto con Martin y Jerry.
—Gracias, Nancy —le sonreí con honestidad.
—¿Necesita algo más? ¿Ya desayunó? Yo estaba por irme a la cafetería, puedo traerle algo.
Negué con la cabeza.
—No, yo quería decir algo... A todos aquí.
Nacy frunció el ceño y luego asintió.
Ella se aclaró la garganta y yo no pensé que ella hiciera un extraño de chiflido con su boca y su dedo pulgar e índice. La miré con sorpresa y me sonrojé. No esperaba tanta euforia de su parte.
Todos las miraron confundidos y detuvieron lo que hacían.
—La jefa tiene algo que decir —dijo en voz alta.
Todos en el departamento me mirarom, a excepción de la secretaria de Gabriella que seguramente se estaba quejando con una las chicas nuevas que eran aprendices de fotografía.
Gabriella hablaba mal de mi, decía que era una promiscua y la noche pasada había escuchado que me llamaba mata bebés. Estuve como una hora llorando en mi oficina por eso.
—Yo —empecé con nerviosismo. Pero luego aclaré mi garganta y pensé que ya no tenía el descaro de ser tímida —... Quería pedirles una disculpa por mi inasistencia los días pasados, enfermé; y como ya saben hubieron un par de complicaciones en el aeropuerto de Chicago —dije con firmeza —. No vengo a hacerme la víctima frente ustedes, pero vengo a poner la cosas claras —tragué saliva —. Les guste o no, soy su jefa —miré sobre de todos, evitando mirarles a los ojos, Dave me había dicho un par de veces que era más fácil mirar las cabezas de las personas en una multitud —. No soy un verdugo al que le deban de temer, pero tampoco soy un payaso de circo como para que puedan burlarse de mi a mis espaldas. Sé que para algunos de ustedes soy muy joven, pero no soy estúpida. Todos los días vengo aquí y hago lo mejor que puedo, nunca me he negado a escucharlos y trato de guiarlos y siempre estoy al tanto de los proyectos... No quiero reprocharles nada, pero estoy cansada de sus miradas y de los murmullos. Merezco el respeto que les he dado a todos ustedes, no solo por ser su puta jefa —fue inevitable que una palabra mal sonante saliera de mi vocabulario, no podía controlarlo —, sino porque soy humana. Si mis decisiones no afectan en su vida diaria ni en su vida laboral, les pido que se guarden sus opiniones. Es la última vez que en esta oficina se habla sobre la sexualidad de alguien, o sobre el físico, religión o sobre la posición económica de cualquiera en este edificio, ¿queda claro? —miró a Gabriella, quien ya había estado hablado mal de Jerry con sus amigas por ser homosexual. Cualquier cosa que no fuese lo suficientemente blanca o conservadora para la mujer, estaba mal y no dudaba en hablar veneno con quien se le cruzara en el camino —. Las actitudes como las de Tomasso no son permitidas en esta empresa, ¿entienden?
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𝕻𝖗𝖔𝖒𝖎𝖘𝖊𝖘 ☆𝕯𝖆𝖛𝖊 𝕸𝖚𝖘𝖙𝖆𝖎𝖓𝖊 / 𝕴𝖟𝖟𝖞 𝕾𝖙𝖗𝖆𝖉𝖑𝖎𝖓 ☆
Fiksi Penggemar¶|P - Los ochenta. Los Ángeles. El escenario perfecto para el heavy metal, los excesos y los recuerdos de medianoche hechos para dejar atrás. Madeline creyó que amar a Dave sería suficiente para persistir, pero Dave le enseñó que las promesas podían...
