Capítulo quince.

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AVISO: hice este capítulo mientras iba en el automóvil rumbo a mi hogar JAJAJ, podrían encontrarse con algunas faltas ortográficas, ruego entender y no joder la lectura con las correcciones, mil besos. 😙

Me coloqué unas zapatillas y me observé al espejo, me veía jodidamente ridícula. Zoe me había traído un precioso vestido azul, el cual no tenía espalda y tenía un escote bastante revelador, el vestido era sin duda hermoso, pero lo apocaban las vans y el gigantesco traje que tenía encima para el súper camuflaje. Ya era de noche, y la luna se apreciaba desde mi ventana.

—Mi padre va a matarme en cuanto sepa que el tuyo no sabe que saldremos del país esta noche—dijo, arreglándose el cabello.

—Tomaré el riesgo—dije, observando su melena rubia desde la cama—. Por cierto, aún no me dices cómo es que lograste pasar, Adam se pone como frenético cada vez que alguien que no esté a su mando entre a la casa. Y se supondría que me esperarías fuera de la casa.

Ella tragó saliva, acción que siempre hacía cuando se veía descubierta.

—Digamos que el castaño hoy andaba de buenas—rió— ya me conocía, sabe que somos amigas—, sin embargo me ha hecho algunas advertencias que no oí antes de entrar, y me confiscó mi cartera, es un idiota, me dejó totalmente cabreada. Y el imbécil de Ian ha sido un dolor en el trasero.

—No veo la hora de salir de aquí—ella se acercó a mi. Se produjo un silencio poco oportuno de algunos minutos y ella habló

—Sé que te gusta, Sky. Puedes mentirle a cualquier persona en el mundo, hasta a ti misma, pero a mi no me mentirás, te conozco mejor de lo que tú lo haces. Sé que sientes algo por él, y creo que la razón por la que te vas es esa.

Me levanté, evadiendo la mirada acusadora de mi mejor amiga.

—Es un imbécil. Y no es por eso—la reté—sólo... no se siento completamente segura.

—Lo sé, un imbecil que te gusta, oh vamos Sky, nosotras tenemos debilidades por los idiotas, lo sabemos.

Sonreí, terminando de poner mis cosas en la maleta.

—Es un idiota, créeme. Me voy porque esa chica me ha golpeado.

Zoe se dio la vuelta, mi mejor amiga era extrovertida y muy tierna,  pero cuando se trataba de mi se ponía frenética, la mirada asesina en sus ojos me hizo morder el labio.

—¿Que has dicho?—dijo, levantando una ceja. Carraspeé.

—Olvídalo, yo tambien le he dado lo suyo.

—¿Esa cachorra calienta huevos se atrevió a golpearte?—me dijo, le esquive la mirada. Ella se subió la camisa a los codos—, ¡Ahora va a ver la gonorrea care chimba con quien se metió! ¡Guaricha desgraciada!

Zoe era proveniente de Colombia. Allá nació, y a pesar de mudarse a California a los dos años, siempre tuvo esa chispa colombiana. Sobretodo cuando se enojaba.

—¡Cálmate! Yo la he dejado con el rostro lleno de cortes—le dije, viendo como ella estaba dispuesta a ir y pegarle.

Pichurria mosca muerta, no puedo creerlo. ¿Se lo dijiste a Adam?

—No me creyó.

—¡Con razón quieres escaparte!—me dijo, sentándose en la cama—, quienes huir de lo que estas sintiendo, y del miedo que tienes por tu vida.

—Yo no siento...—comence a decir, pero ella rió.

—Y no intentes engañarme, o negarlo. Conozco tus peores pecados—rió—, no puedes esconderme nada. Ya me has dicho que se han besado, él es demasiado atractivo hasta para mi, cualquiera caería, no te sientas culpable por ello.

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