Caliente como el infierno, malvado como lucifer, y más vengativo que cualquiera, él llega a la vida de Skyler para desmoronarlo todo. Adam Black era como un botón palpable de destrucción instantánea.
Y ella amaba la autodestrucción.
"Nunca le pierd...
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Adam
Su piel, su suave piel me estremecía, sus manos alrededor de las mías me hacían sentir como un chiquillo de dieciséis años otra vez, su respiración cerca de mi rostro me volvía un enfermo, deseando su cuerpo una vez más.
Ya era de mañana, mis párpados pesaban y me encontraba completamente desnudo, al igual que la morena chica que se encontraba a menos de un metro de distancia durmiendo plácidamente.
No podía creer lo que había sucedido, no lo podía creer. No podía entender en qué momento había dejado pasar todo por lo que había luchado y sufrido todos estos años sólo por una calentura.
O eso era lo que intentaba entender, que si había sido sólo calentura o no. Pude haberme ido con Anabelle, o con cualquier puta que llamase, porque ellas siempre llegaban. Pero no, no lo había hecho. Había venido hasta acá sólo por ella, me adentré en el cuarto yo yo... simplemente no pude.
Su piel desde atrás se veía más perfecta, y su expresión al verme me terminó por completo la poca cordura que me quedaba.
Me lancé hacia ella con un sólo objetivo, y lo hice.
Agarré mi cabello con fuerza y me coloqué unos bóxers color negro rápidamente, quiendo huir de todo y de todos, observé a la chica desde lejos. Mirarla a me hacía recordar todo lo sucedido anoche, la forma en la que la hacía mía una y otra vez. Jamás lo había sentido de esa forma.
Con otras chicas con las cuales me había acostado era algo diferente, era sólo sexo. Pero aquí había algo más, algo más fuerte que el sexo.
Y no estaba preparado para averiguar la respuesta, no podía. Mi cabeza no dejaba de reproducir como un disco rallado una y otra vez las escenas de anoche, sus gemidos parecían ser escuchados en mis oídos.
Coloqué una camiseta sobre mi cuerpo y unos pantalones, salí de la habitación hecho una furia.
Pero no estaba enojado con ella, era conmigo mismo. Por ser un imbécil que no se pudo resistir a los coqueteos de una chiquilla, por ser un idiota que había lanzado por la borda todo a lo que se había dedicado.
Había fallado, esta vez sí que había fallado. Besarse con ella, pelear con ella, o siquiera sentir cosas por ella era una cosa, pero acostarse con ella era algo completamente diferente.
Dicen que lo prohibido es tentador, y la verdad es que lo es, pero lo imposible... esa ya es otra historia.
Ryan se encontraba tomando su tan típica leche con cereal, me saludó con un palmeado de espalda en cuanto me vio entrar, la verdad es que Ryan es una de las pocas personas aquí a las que les tengo aprecio, llevo algunos años con él en misiones de la agencia y la verdad es que es una persona bastante amable, cordial, y demasiado gracioso, y bueno, gay.