Capítulo cuarenta y nueve.

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Adam.

«—Júrame, por favor júrame que no tendré que arrepentirme de entregarte hasta mi alma.

Su cabeza estaba recostada en mi pecho, el cual subía y bajaba.

—Y tú júrame que jamás vas a dejarme.

—Te juro que te amaré hasta que muera, Adam—me dijo, sus ojos brillaban, las sábanas blancas tapaban su cuerpo, y  cuando se dio la vuelta, vi el miedo recorrer sus ojos.

—Y yo te prometo que te cuidaré hasta la muerte— le tomé la mano—, porque no hay nada ni nadie en este mundo, que ame más que a ti—murmuré, y la giré hacia mi, nuestros cuerpos estaban unidos como uno solo, y el cuarto parecía hecho sólo para nosotros.

—Te quiero tener conmigo el resto de la vida, desearía tenerte toda la vida—me dijo, sonriendo.

—Eres preciosa—murmuré bajito—, eres tan condenadamente preciosa que me rompes el corazón. Ella sonrió y apretó mi mano, besándola. Sonrió al ver que tenía puesta la pulsera que ella me había dado.

—Te queda genial—dijo, levantándose de la cama. La miré mal.

—Ey, ¿Dónde vas? —le pregunté, su curvosa figura dejó la cama y abrió el cajón para sacar unas bragas color turquesa.

—Debo ir a hacer desayuno, tontito—me dijo, acercandose con una de mis camisas y en bragas, y juro que en ese mismo momento mi bóxer se rompió, la agarre de la mano y atraje hacia mí.

Le besé el cuello y sentí su piel estremecerse.

—No te vayas—murmuré—, quédate un momento más.

—¿Para siempre te vale? »

Desperté agitado, la frente me sudaba y mi respiración estaba escandalosa. Observé a mi alrededor y me di cuenta que me había quedado dormido en el sofá. Ya estaba completamente mejor.

Hace unos días autoricé a mi jefe para hacer lo que tuviera que hacer para Sky hablara, y lo había logrado. A costa de un disparo, pero lo había logrado. Sky había hablado, pero no con la verdad, en Afganistán ni rastros habían de Leo ni de su equipo, ni de nada. Recuerdo cómo estábamos todos de enfurecidos, realmente necesitábamos encontrar a Leonardo.

Él no podía seguir con los negocios de mierda que traía, no podía seguir con Imperio. No podía seguir torturando y masacrando mujeres, tal y como lo hizo con mi pequeña hermana hace más de diez años.

Odiaba el sentimiento, odiaba sentirme tan jodidamente abrumado y tener este tipo de recuerdos en mi cabeza, parecía un  castigo de Dios hacerme revivir momentos con Skyler en mis sueños, era completamente insano.

La amaba, la quería con todo mi corazón. Y por ello mismo no podía estar con ella, la quería demasiado y lo nuestro era  difícil de explicar, nunca debió de ser, ese cruce de miradas, ese primer beso, ese te amo, esas noches de amor... nada de eso debió haber sucedido.

Pero fue inevitable, y es que la primera vez que la vi lo supe de inmediato. Nunca creí en el amor a primera vista, pero creo en ese click.

Sky estaba recostada, jugando con su cabello, parecía con la mirada perdida. Habían pasado dos días y ella no había dicho ninguna palabra, Zoe tampoco.

Y todo resultaba más doloroso para mí, para Ian. Porque las queríamos, muchísimo. Pero no podíamos pasar por alto lo que había pasado con nuestros padres. Ni tampoco la despiadada forma en la que Leo los había asesinado.

Justo frente a nosotros, justo el día del cumpleaños de Ian. Justo meses después de haber perdido a nuestra hermana por su misma culpa.

A eso me había dedicado toda mi vida, a esperar el momento justo para cobrar venganza, pero todo cambió cuando la conocí. Tenía mis objetivos clarísimos, y ella pareció nublarme la vista.

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