¿Pero qué demonios...?
El olor a cerveza literalmente se expandía por todo su cuerpo, lo miré sin comprender.
A pesar de saber que el día domingo Ryan era quien estaba a cargo de todo y este era su día de descanso, no entendía por qué estaba alcoholizado.
Odiaba el alcohol, no aportaba para nada.
Sus pupilas brillaban con una tristeza infinita.
Y el efecto de la droga consumida podía observarse de par en par.
–¿Por qué lo hiciste?
Mi pregunta parecía tan estúpida en este momento, que quise golpearme la cabeza. Él tomó la pregunta con desconcierto, y luego de unos segundos entendió de qué se trataba.
—Eso no te incumbe—murmuró, tan egoísta y tan despreocupado como siempre, su rostro se veía tan triste en ese momento que sentía que
mi pecho dolía.
—Claro que sí, claro que me incumbe, y me incumbe porque si alguien ha de entrar a la casa, tú no podrás defenderme ya que estás jodidamente ebrio.
Adam se tambaleó mientras me miraba.
Mentí, descaradamente mentí. Me incumbe porque quería saber cuál era la razón de su tristeza, porque quería saber qué era lo que le dolía tanto como para introducir droga a su organismo, porque me preocupaba, porque le quería y odiaba verlo de esta forma.
—Da igual, unos cincuenta guardias con mis mismos conocimientos yacen afuera de la casa, no me necesitas.
—Por favor, Adam—intenté sonar tan dócil, tan suave, tan preocupada como me era posible —. Por favor dime que es lo que sucede contigo.
Adam cerró sus ojos, como si esuviera en un tipo de trance.
—Dime lo que está mal.
—¡Déjame tranquilo, carajo!—me gritó y quise
llorar mil días. Su semblante enfurecido y su tambaleo sólo me demostraban que ese chico ni siquiera podía estar en pie—, sabes
perfectamente que es mi día de descanso, puedo hacer lo que me venga en gana.
Agarré su mano, el me miró con rabia, y se soltó de mi, en un gestó totalmente violento.
—¿Que está mal?
—Ya te lo he dicho, no es tu puto problema—espetó con coraje.
—No me hables así, sólo intento... sólo trato de ayudarte.
—Pues no lo hagas, ¿Vale? no lo hagas—parecía que iba a explotar en cualquier momento, y sabía que diría palabras que me dolerían hasta el infierno—. No me mires, no me hables, no me toques, actúa como si yo no estuviera por aquí, y si me llegas a ver por la casa, aléjate. No quiero tener el mal gusto de verte otra vez.
Dolía, sus palabras dolían. Me sentía tan estúpida e insignificante, mis manos estaban aferradas a mi ropa y mis nudillo ya se encontraban blancos, su forma de hablarme había cambiado tanto como su trato a mi.
Mis ojos se habían llenado de lágrimas de un minuto a otro y odié por un instante el hecho se ser mujer y ser tan sensible para mi gusto. Adam me observó, y supe que sus palabras eran reales pues en su rostro no se podía encontrar alguna expresión de arrepentimiento.
—Eres un imbécil.
—¿Si? No podría interesarme menos—dijo, quitándose su chaqueta.
ESTÁS LEYENDO
BODYGUARD
AcciónCaliente como el infierno, malvado como lucifer, y más vengativo que cualquiera, él llega a la vida de Skyler para desmoronarlo todo. Adam Black era como un botón palpable de destrucción instantánea. Y ella amaba la autodestrucción. "Nunca le pierd...
