Capítulo cuarena y cuatro.

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¿Cómo se pueden sentir tantas cosas en tan poco tiempo?

Adam estaba recostado a mi lado, había olvidado el asunto de la fotografía. Su escultural cuerpo estaba abrazado al mío, sus brazos rodeaban mi cintura y sus manos hacían suaves círculos sobre mi piel.

—Sólo... por favor, sólo debes saber que te amo. Que me has cambiado, enserio me has cambiado—dijo, levantándose y colocándose la ropa—, no quiero que lo olvides jamás—parecía nervioso, jamás lo había visto de esa manera—, no quiero que dejes de amarme yo... preferiría morir antes que verte con otro tío.

Estaba extraño.  Yo sabía que él era extraño, pero esta vez se estaba pasando.

—Adam, te amo, ¿está bien?

Él estaba inseguro, incapaz de pensar en otra cosa que no fuera su gran preocupación.

—Por favor, perdóname princesa, por favor—rogó.

—¿Pero de qué estás hablando?

Lo abracé, parecía tan débil en este momento, jamás lo había visto de esa manera. Sus manos tiritaban, y su respiración parecía estar colapsando, y a decir verdad, me asusté de la puta madre.

—¿Qué está mal, Adam?

—No puedo decírtelo aún—me dijo, acariciando mi mejilla—. Anabelle está en la otra habitación, hay algo de lo que necesito hablarte—murmuro.

Mi corazón latió desenfrenado.

—Si no me lo dices pensaré lo peor—le dije, mirándolo de reojo.

—Te prometo que... no es lo que crees. No te engañaría, no es eso.

Me relajé instantáneamente y besé sus labios—, entonces lo que sea puede esperar. Sé que me quieres a mi y esa muñeca se puede ir bien a ...

—¿Como lo haces?—me preguntó. Le miré y él me sonrió.

—¿Para qué?

—Alegrarme los días, la vida.

Acaricié su rostro, pasando mi pulgar pos us pómulos, el cerró sus ojos. Agarro mi mano y murmuró.

—Vístete.

Algo había cambiado, algo había cambiado y yo ni siquiera me había percatado. Por un momento no pude evitar pensar en que quizás el quisiera una ruptura.

Siempre me consideré una persona fuerte ante rupturas amorosas, hasta el día que llego él a mi vida. Él era luz para mis momentos de oscuridad, escuchaba cada una de mis tonterías y se burlaba de ellas. No podía siquiera pensar en la posibilidad de no tenerlo.

Se había vuelto mi aire, mi necesidad. Y es que jamás pensé que podría mi corazón tener un nombre, era como si estuviese tatuado en lo más profundo de mi alma.

Sonreí, pensando en que quizás nuestros destinos estaban mezclados, unidos como uno sólo, y es que quizá, sólo quizá, estaría con el toda la vida.

Salí de mi habitación, directamente hacia Anabelle, debía enfrentarla y decirle lo que pensaba, ella ya no podría interponerse más, nunca más.

Llegando a la sala me encontré a Zoe, estaba feliz, lo noté de inmediato, sus ojos brillaban , y parecía ser aquello culpa de Ian.

—¿Puedes decirme quién es el culpable de esa sonrisa que traes?

Ella volvió a sonreír con dulzura, sus blancos dientes parecían no querer esconderse

—Me lo ha dicho, me ha dicho que me quiere.

—¡Oh Dios Mío! —grité—, ¿Estás de coña? ¿Cómo ha sido eso? ¡Por Dios Zoe Forbes! No te quedes callada mujer.

BODYGUARD  Donde viven las historias. Descúbrelo ahora