Capítulo 73: Kumogakure

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Cruzar el territorio de Kumogakure es un tanto complejo al principio, ubicado en el país del Rayo, la aldea oculta hace honor a su nombre, situado en una gama de altas montañas, está escondida entre las nubes.

Cualquier persona corriente, al llegar a estas alturas, sentiría síntomas graves propios de este lugar, sin embargo, dado que el chakra es un componente aquí atado intrínsecamente al cuerpo, produce que los ninjas no se vean afectados, al menos en lo que su salud se refiere.

Por eso, cuando cualquier ninja (que sea medianamente poderoso) transite estas vías, no le resultará ningún obstáculo en lo absoluto.

Ese era el caso de Hajime, mientras caminaba por un sendero empinado, llegó hasta la gran puerta.

Le quedaba tiempo, la reunión sería en cinco días. Con suerte, Anko y Karin estarían aquí en tres días, también con sus propias ideas de como entrar.

—Oh... Hiro-kun, has vuelto.

Un joven, que podría tener su edad, de piel morena, lo detuvo en la puerta de entrada. Hajime no estaba en su forma habitual, lucía la apariencia de un ninja de Kumogakure, con su banda, mucho más maduro, esto fue posible gracias al [Henge], que permite cambiar la apariencia sin hacer mucho esfuerzo.

Respecto a la persona a quien representaba, estaba dormido en algún lado, le había dejado dinero de sobra para que se alimente y esas cosas, era el mensajero que mandó el Raikage. Había usado el [Sharingan] y lo introdujo en un Genjutsu para que contara su vida, ya tiene una idea de lo que pasa en esta aldea.

Ya que lo había hecho en un lugar un tanto alejado, para él le tomaría como siete días, mínimo, así que no tenía porque preocuparse.

Se sentía mal por tener que recurrir a estas artimañas, el tipo no parecía mala persona, asi como recompensa cuando regrese, encontrará joyas en su casa, algunas como para que el mal trago se le pase.

—¿Ya terminaste? —el joven tendió su mano y Hajime aceptó.

—Sí, fue bastante preocupante, las otras aldeas son un tanto salvajes.

—¡Nada como estar en el hogar!

—Así es.

Después del recibimiento, los guardias dejaron de prestarle atención, solo uno que otro examinaba su cuerpo, en busca de la señal de una técnica, la que estaba usando.

Hajime ya había tomado sus precauciones, por lo tanto, a menos que un Sharingan o Byakugan lo examinara, estaría bien.

Pasó sin ningún contratiempo, fue a la casa de este chico, dejó unas cuantas joyas y se marchó al edificio del Raikage, este quedaba en la montaña más alta de todas las casas que había. Como cualquier otro edificio Kage que se precie, los trabajadores estaban revoloteando y caminando y gritando en el primer piso. Para alejarse de la bulla, solo quedaba subir hasta el piso final.

Una mesa grande, el Raikage tenía sus gruesos dedos cruzados, refunfuño ante una noticia que se le había dado.

—¡No puede ser! —gritó el Raikage, golpeando con fuerza la mesa—. ¡No vamos a dejar que quede de ese modo!

El Raikage hizo que la mesa emitiera sonidos de crujido, su fuerza descomunal no era nada que despreciar. Claro que Hajime no la podría comparar con Tsunade en ese termino.

El Raikage era alto, de piel oscura (como la mayoría de Kumogakure), y no llevaba camisa, mostrando su físico descomunal, en cada muñeca lleva pulseras de oro.

No estaba solo, en frente de él, se encontraban Samui, Omoi y Karui, ninjas de gran prestigio en la aldea.

—¡¿Qué averiguaste?! —Karui, quien estaba inclinada en el suelo, se levantó y señaló a Hajime—. Esto me atormenta, no conocer el paradero del maestro Bee, ¡maldición Akatsuki!

Karui es una mujer de cabello rojo y ojos color ámbar, llevaba una camisa larga sin mangas y un chaleco blanco oficial, que representaba a la aldea de Kumogakure, una falda verde oculta dentro de un vestido largo y dos pendientes dorados simples.

Entendía el porque de su comportamiento, ya que. en teoría, Hiro y Karui eran conocidos desde la infancia.

Hiro no era ningún ninja ordinario, también tenía cierto prestigio en esta aldea, no por nada, había sido enviado por el Raikage

—Todo a salido a la perfección, Raikage-sama —Hiro se inclinó—. Después de quedarme a esperar su respuesta, todos los Kage han dado su aprobación.

Tenía que asumir el papel de Hiro, este ninja de Kumogakure lo mejor que pudiera, era un tanto alegre pero serio en los momentos en que se lo necesita.

—¿Todos han aceptado? —preguntó el Raikage, botó lagrimas—. ¡Saber que todos están de acuerdo con esto, me llena de una alegría rebosante!

—No creo que sea tan fácil —dijo Omoi—. ¿Qué tal si solo vienen a pelear? A apoderarse de la villa mediante una fuerza sobrenatural... les daríamos una entrada libre a la aldea, robarían nuestros recursos...

—¡Deja tus pesimismos! —replicó Karui.

—Cálmense los dos —Samui suspiró.

Samui es una mujer de piel blanca, muy alta y con una figura voluptuosa, tiene ojos celestes y el cabello rubio, un traje muy escotado, una falda corta y protectores rojos en ambas muñecas, un chaleco protector blanco.

Esta, al ver que todavía seguían discutiendo, suspiró por un rato.

—¡Cállense! —gritó Samui.

Los dos abrieron los ojos y volvieron a inclinarse, con un pequeño temblor.

—Um... lo que dice Omoi no es del todo descabellado —dijo el Raikage—. ¡Los necesito a ustedes! ¡Llamen también a Darui, ustedes cinco me acompañarán a recibir a mis invitados!

—Entiendo —respondieron al unísono.

—Retírense —ordenó el Raikage, lloró—. Traeremos a Bee, se los aseguro.

—Claro —Karui y Omoi lloraron.

Todos salieron de su oficina, se vieron los rostros un momento. Desde que Hiro no estaba muy acostumbrado a salir con el grupo entero, tan solo con Karui, tuvo que hablar con un tanto de calma.

Ahora, solo quedaba esperar que pase el tiempo.

Naruto Shippuden / IridiscenciaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora