Hola a todos, al habla Esk. Siento ser ese tipo de persona, pero vengo a quejarme un poco. Ya sé que escribo porque yo quiero, si no pasaría, pero últimamente me tiene un poco apagada el bajo nivel de interacciones con respecto a las lecturas. Estoy pasando por una recuperación muy dolorosa, anímicamente estoy mal y físicamente ni hablar. Y lo único que he pedido desde el principio ha sido un minuto de mis lectores para que digan algo que no sea "actualiza ya". Por eso pido que comentéis algo, que si no hay escenas románticas no hay interacciones y eso, sinceramente, me quita todas las ganas de seguir publicando.
Que no había fiesta entre los Olímpicos digna de ser llamada así sin la presencia de Dionisio era algo que todos los dioses y sus cortes sabían de sobra. No por nada el dios se había esforzado mucho en ello, por lo que llegados al punto actual ni siquiera Deméter y sus ganas de hacer de ese evento algo formal y elegante pudieron no invitarlo ni quejarse cuando llegó pronto a supervisar que todo estuviese en orden por mucho que la estuviese poniendo de los nervios.
Al menos sus sátiros estaban bajo control, si alguno se pasaba en la lujuria era reprimido en el acto por silenos y las ménades. El dios del vino y lo salvaje era sorprendentemente efectivo en esas materias y era más respetuoso con las mujeres que, bueno, ningún otro dios. Lástima que no fuese tan respetuoso con el moviliario.
-¿Podrías, si no es mucha molestía, decirle a tu cabra que se baje de la mesa antes de que decida servirla en la cena? -le pidió Deméter muy al límite de su ya de por si corta paciencia.
Dionisio le ordeno al sátiro salir de ahí en el acto mientras seguía a lo suyo, intentando no verse intimidado pero sabiendo perfectamente que uno de sus amigos podía ser cocinado. No es que estuviera por ahí por Deméter contra la que no tenía nada porque el vino necesitaba de unas buenas cosechas para nacer pero con la que tampoco es que tuviera una buena relación, había ido por la fiesta. Era una fiesta y encima con dioses involucrados. No es que fuera el dios de las fiestas, pero se sentía en la obligación de que salieran bien. O al menos esa era su excusa formal para hacerlas a su manera y no perderse ninguna.
Todos los dioses estaban curiosos sobre que había pasado en el Inframundo, él no era una excepción. Decir que le tenía cariño a su tio Hades era quedarse corto. El tema de haber sido asesinado al poco de nacer y acabar siendo un niño en su reino les había unido mucho. Había sido su consejero y su apoyo aun cuando renació. Él, señor de lo salvaje e inexplorado, se había hecho el guardían de muchos misterios de la muerte.
El hecho de que la adorable niña de Deméter se hubiese tenido que esconder de su nefasto padre en el Inframundo no le había parecido nada que no fuese una decisión inteligente de parte de Deméter, pero ver con sus propios ojos a la adorable diosa mirar a Hades le picó la curiosidad, uno no tenía que ser Afrodita para ver de lejos la química que había entre ambos. Ni para ver como durante toda la fiesta la estuvo evitando pero no podía evitar mirarla. Cuando Afrodita se hubo ido fue corriendo a interrogar a Eros para ver hasta que punto sus sospechas eran acertadas, por desgracia ambos estaban demasiado pasados por vino para llegar a una conclusión coherente.
La cosa se puso más interesante cuando su tio lo convocó y le pidió con discrección que de paso que ayudaba en los retoques finales de la fiesta mirase como estaba la Koré. Al parecer había conseguido realizar una resurrección vegetal y lo tenía preocupado. La resurrección era uno de sus ambitos y lo comprendía, pero al decirle que también podía ir él en persona que de esos temas entendía más la teoría que él se hizo el loco. Eso confirmó más sus sospechas de lo que habría hecho un Eros sobrio, así que encantado aceptó la misión que le había encomendado su tio y la autoimpuesta de ayudar a juntarlos si la Koré le parecía digna.
Una vez le quedó claro que Deméter se iba a ocupar más de vigilar a su corte en lugar de estar tras de él lo consideró pista libre para actuar. Mientras comprobaba que no faltase de nada en ningún lugar se puso a buscar a la homenajeada por la zona.
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Escondida
FantasyCuando el mismísimo Zeus quiere raptar a tu hija la esconderías donde fuese. Incluso en el Inframundo. Deméter pide a Hades ayuda, él acepta porque total, solamente será meter a una cría en los Campos Elíseos, ¿qué problema puede dar la tal Perséfon...
