31. Dadora de vida, dadora de muerte

1.9K 264 39
                                        

La diosa de la primavera había vuelto al reino de Deméter, de donde nunca debería haber tenido que salir. Pero que Zeus la partiese con un rayo si todo estaba como tenía que estar.

Sí, desde luego la alegraba estar con su madre, ver a sus amigos y corretear por los campos. Crear vida allá por donde pasaba en suelo fértil, mucho más sencillo. Incluso su madre le dejó un carruaje con unos caballos pacíficos para moverse por el terreno, cosa que nunca había pasado antes. Como si la experiencia terrible hubiese dejado ver a su madre que podía darle un poco de libertad antes de que se la diese otra persona, parecía molesta con Hécate porque había sido bastante independiente en el Inframundo en lugar de ser tratada como una niña pequeña, pero al final había acabado cediendo y dandóse cuenta de que podía manejarse perfectamente.

Con el tiempo había empezado a fijarse en que Hécate y su madre eran mucho más cercanas de lo que pensaba. No le molestaba ni mucho menos, solamente le hacia gracia como intentaban esconderlo a toda costa, a veces le daban ganas de decirles a las dos "me he dado cuenta, yo también estoy enamorada, somos adultos responsables que han encontrado el amor y no pasa nada" pero seguramente a su madre le daría un ataque.

Tampoco es que llevase mucho de vuelta, aunque ya había escuchado historias totalmente locas sobre su estancia en el Inframundo. Hasta dentro de su círculo, que sabía que su madre había pedido refugio para ella, la teoría difundida por Orfeo de que Hades se había enamorado de ella y la había secuestrado empezaba a ganar adeptos, les gustaba demasiado el drama romántico. Se lamentó un poco, le gustaría que la tierra se abriese debajo de sus pies y la recogiese Hades, a decir verdad, pero eso no pasaría.

Se estaba organizando su fiesta de bienvenida, como si hubiese pasado más tiempo fuera que un par de semanas. Había estado muy poco tiempo realmente en su aventura de escondites, no tanto como para desaclimatarse al exterior, las ninfas creían que emergería totalmente pálida y deslumbrada por la luz del sol, por lo que eran especialmente pesadas para que no saliese mucho de la sombra y se cuidase de la luz. Entre sus niñeras autoimpuestas y el perfeccionismo de su madre para organizarlo todo estaba llevando bastante mal la vuelta a casa.

Su madre le había gritado ya tantas veces a los encargados de mover los templetes de descanso para la fiesta que empezaba a no poder recordar como era su tono de voz normal. Intentó decorarlos con azaleas a su gusto y casi lo tomó como un insulto, pues no eran el tipo de plantas que quería y ordenó arrancarlas para más tarde pasarle una lista con la vegetación exacta que quería. Eso fue la gota que colmó el vaso de su nerviosismo. No hizo falta que nadie arrancase una sola flor. Recordó como el bosque que había improvisado en el Inframundo cuando la encontraron las furias y Hades se abrió paso por él segandole la vida a las plantas. Pensó en hacer lo mismo, aunque no fuera técnicamente algo que estaba dentro de sus poderes.

Trató de segar la vida de las flores de los templetes, pero de golpe no pudo parar. La pradera entera, rebosante de vida instantes antes, se encontró llena de vegetación muerta en cuestión de segundos, el tiempo justo para poder pararlo. Un escalofrio recorrió su cuerpo aunque se sentía extrañamente cálido, había robado la vida de toda esa vegetación. Sintió que podría haber tomado la vida también de los animales y otros seres de haber querido. Todo estaba en silencio. Su madre no tardó en acudir a su lado y llevarla al interior de su palacio templo y quedarse con ella hasta que se calmó.

Su madre le dijo que se encargaría de hacer que naciese nueva vida en el lugar que había desolado, pero dentro de ella sentía que podría hacer algo más. Era como si toda es vida que había robado estuviese aun en ella y simplemente tuviese que dejarla de nuevo en su sitio. Y así lo hizo.

Para los demás simplemente el prado volvió a crecer, algo extraordinario, pero nada que llamase excesivamente la atención en el hogar de Deméter. Salvo para la diosa de la agricultura fue solamente un pequeño incidente, pero ella sabía que era algo más que eso. Las plantas que habían nacido no surgieron de nuevas semillas. Habían vuelto a la vida. Cuando se decía que las plantas volvían a la vida en primavera no se referían literalmente a eso, sino que nacían nuevas con las semillas de las anteriores plantas, no de las plantas muertas. Había revivido algo muerto a lo que previamente le había robado la vida solamente con su voluntad.

EscondidaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora