Iba a subir el capítulo en unos días, pero he pensado que el pasado hay que dejarlo atrás antes de que acabe el año. Feliz 2020!
Había sido una fiesta animada sin llegar al salvajismo, era una de las razones por las que más se notaba que no había sido en el Olimpo. Hades aun llevaba los cabellos llenos de flores atrapadas que la homenajeada le había puesto. Algo en su interior se había conmovido al verlo interactuar con la niña. Sabía que nunca podría darle hijos, al menos no mientras que ambos estuvieran en su reino.
Llevaban siete años juntos y la opción de la ambrosía se ya había puesto sobre la mesa.
Hades necesitaba una reina y ella era la primera candidata, pero la reina del Inframundo no podía ser una mortal. Ser inmortal no era tan bonito como lo pintaban, las almas mortales no estaban hechas para ver desde lejos el proceso de muerte y caducidad de todo lo que les rodeaba. Al final la soledad se acababa imponiendo, y eso solamente era un destino apto para dioses y locos.
Quizás su soledad no fuese tal como reina, pero no se sentía del todo cómoda apostando todo su futuro por su relación con Hades. No es que creyese que le iba a hacer mal en algún momento, pero hacerse inmortal por estar con él haría que él se encadenase a ella.
Le había dicho que tenía que pasarse unas horas recuperando el tiempo de trabajo perdido por la fiesta, por lo que ese día no podría ir con ella a los Elíseos. No es que tuviera nada contra su palacio, pero los Elíseos era un lugar mucho más habitable. Sobre todo por el hecho de que los habitantes de ese lugar parecían mucho más vivos, en el palacio se notaba demasiado que eran fantasmas.
Normalmente se entretenía a si misma con la ocupación que encontró en el lugar, ayudaba a cuidar los espíritus infantiles solitarios. A veces duraban años allí, otras preferían volver a nacer, pero alguien debía velar por ellos.
La dejó despediendose con un beso antes de salir a toda velocidad, ya que con ella solía controlarse para no marearla, a volver a su trabajo. No habían hablado desde hacía unas semanas de eso y la situación estaba un poco fría. La verdad es que la fiesta les había ayudado, aun tenía las flores que le había quitado de los cabellos en las manos, ojalá pudiese sembrarlas allí para que todos las disfrutasen. Sintió un escalofrío, de golpe tres presencias se materializaron delante de ella.
Las había visto pocas veces, pero las figuras de las Moiras eran inconfundibles. Las almas cercanas empezaron a irse por otros caminos tratando de evitarlas. Era normal, aunque eran habitantes libres de ir a donde quisieran no era habitual verlas por los Elíseos. Las únicas veces que las había visto había sido en el palacio de Hades y rara vez había pasado más de unos minutos con ellas, pues Hades siempre conseguía que no pasase tiempo en presencia de las perturbadoras Damas. Se suponía que una era anciana, otra adulta y la última era una jovencita, y aunque así era cuando se las miraba a las tres de una en una parecían fundirse y ser una única. No era recomendable centrar la mirada en una.
-Saludos Leuce.
-Hoy has conocido a la señora de la muerte.
-Qué ayudará a decidir sobre tu destino, aunque el suyo ya lo ha sido.
-Saludos Damas, señoras del destino -intentó sobreponerse de la sorpresa para centrarse en sus palabras- Vengo de la presentación de una niña, pero es la señora de la primavera, no de la muerte.
-Perséfone es su nombre, trigo y muerte en ella conviven.
-Su hilo dorado al solitario hilo de nuestro monarca se ha enlazado.
-Una niña por mucho tiempo no será, florecerá.
Leuce las miro, no quería faltarles al respeto precisamente a ellas, pero no podía creerlas . Hades no la dejaría por nadie.
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Escondida
FantasyCuando el mismísimo Zeus quiere raptar a tu hija la esconderías donde fuese. Incluso en el Inframundo. Deméter pide a Hades ayuda, él acepta porque total, solamente será meter a una cría en los Campos Elíseos, ¿qué problema puede dar la tal Perséfon...
