46. Espectro del pasado

1.6K 207 24
                                        


Era curioso pero no se había sentido nunca tan llena como mientras era devorada. La lengua de Hades sabía hacer maravillas aun cuando no era usada para deleitarla con sus dulces palabras de amor. Lo bueno es que ya tenía la respuesta a lo que pasaba cuando sucedía lo que empezaba como en el sueño cortado. Vivirlo en un sueño de los recuerdos de otra persona no era ni de lejos parecido a lo que sentía al experimentarlo en carne propia.

No le había mentido cuando le dijo que después de la segunda vez la cosa iría solamente a mejor. Sin ninguna molestia solamente había tenido que concentrarse en el placer que le proporcionaba y en dar los primeros pasos en aprender a darle en el proceso placer a él. Aprendió muy pronto que aunque el sexo mal entendido podía ser simplemente un desahogo en el que con suerte la mujer podía obtener un orgasmo, hacer el amor con alguien diestro era algo diferente a lo que le habían contado.

Hacer el amor era una conversación en la que ambas partes intervenían. Oh, desde luego a veces había monologos hacia la otra persona. Quizás no le habían contado esa parte porque se suponía que tenía que mantenerse pura, si alguien le hubiese advertido que se podía hacer lo que Hades le había hecho nada más tumbarla posiblemente se habría colado en su habitación la primera noche en el Inframundo. Ay, si tan solo hubiese sabido que la lengua de Hades tendría usos aun más placenteros que hablar con él posiblemente hubiese pedido bajar de visita el Inframundo años antes.

Había jugado a desesperarla de puro placer y luego otorgarle la liberación. Por suerte estaba enamorado de ella, porque desde luego tras esa noche tenía muy claro que no lo iba a dejar ir. Había caído rendida al poco de terminar, por lo que fue consciente al poco de que estaba demasiado despejada para estar profundamente dormida.

Hades estaba durmiendo también, creía recordar que la abrazó contra él sin dormirse pero muy cerca justo antes de caer totalmente derrotada por el sueño. Abrió los ojos y se fijo en que Hades dormía profundamente aún aferrado a ella. Era tarde y solamente llegaban sonidos nocturnos de animales, todo estaba en calma. Hasta que se fijo mejor.

La mujer que había sentada en la orilla de la cama no parecía tener ningún tipo de intención por ocultar su presencia y de momento parecía tranquila mirando a Hades dormir.

-Siempre va a ser tan agradable mirarte dormir, ¿verdad amor? -susurró dulcemente al dios durmiente- ¿Ya se despertado, Perséfone?

Toda la situación era rara, hasta para el nivel de rareza que estaba acostumbrada a soportar. Se enfocó mejor en ella, le era extremadamente familiar. Claro que lo era, había pasado horas al lado de una estatua suya y la había visto en vida.

-¿Leuce? -preguntó aunque creyese que no era posible.

No solamente es que la estatua tuviese un enorme parecido, es que parecía extraída directamente de los escasos recuerdos que tenía sobre ella. Le sonrió dulcemente mientras asintía, volvió a mirar a Hades dirigiendo una mano a su rostro, como si no ansiara nada más en el mundo que acariciar su mejilla. Se detuvo a escasos milimetros, estaba claro que no podía.

-Tenía que intentarlo aunque no estoy aquí por ti, lo siento -le susurró al dios dormido antes de girarse hacia la diosa- Si no por ti, has crecido mucho -ante esa declaración Perséfone fue consciente de su estado y se envolvió aun más con las sábanas- Quería verte y no calculamos bien lo que eso supondría.

Aunque había varias preguntas en la mente de la diosa de la primavera en ese momento la más urgente era saber que estaba pasando y como era posible. A pesar de estar en el lugar más adecuado para que la antigua novia muerta de tu futuro esposo se te aparezca, Perséfone sabía que en teoría Leuce había transcendido como un álamo.

-Hipnos y Tánatos me debían un favor enorme, en realidad muchos que me cobré como este, estoy aquí y no lo estoy a la vez. Tampoco estás despierta del todo. Me siento orgullosa, quiere decir que entre otras cosas, Hipnos se ha acordado, no las tenía todas conmigo. No es que crea que Hipnos intentaría no cumplir su promesa, sino que la verdad es que pensaba que directamente no se acordaría de que me la había hecho. Pero perdona, estoy divagando y no te estoy aclarando nada -se aclaró la garganta, tratando de adoptar un tono más serio- Le estoy, perdón, la costumbre de no tratar a la gente aquí con tanto formalismo, ¿puedo tutearte? -Perséfone asintió automaticamente- Bien, también puedes. Como sabrás el final de mi vida llegó hace mucho, mucho tiempo. Pero años antes de que eso pasase hice un trato con los gemelos. Estás en el reino de Hipnos sin estar inconsciente porque quería hablar contigo, Tánatos me permitió guardar aquí un trocito de mi consciencia para poder hablarte. Claro, primero tenías que prometerte con Hades y tenías que estar en los Elíseos. ¿Te sentirías más comoda hablando en otra parte y vestida?

Perséfone no tardó en asentir de nuevo. Puede que estuviera muerta, pero no era comodo estar desnuda abrazando al gran amor de la otra persona con la que estaba hablando. Leuce salió de la habitación y ella se vistió a toda prisa para seguirla.

-¿Sabes que? -le gritó Leuce desde la habitación adyacente- Nunca había estado en esa habitación, solamente pueden entrar dioses, de hecho al principio ni había pensado que estabamos en su templo. Cuando vivía en los Elíseos tenía un palacio no muy lejos de aquí, pero lo derribó cuando ya me había hecho vieja y me mudé al palacio principal. Tu madre en persona me construyo en claro donde me convertí en alamo, allí es donde había vivido.

La diosa salió vestida por fin, iba a pedirle que no gritase por si despertaba a Hades, pero se dio cuenta de que si estaba dormida eso no iba a importar demasiado. Si había algo que marcaba la condición de Leuce era que su piel emitía un ligero brillo.

-No sé que decir, ¿Cómo se le dice a alguien que lamentas su muerte? No creía que tendría que decir eso nunca -intentó aportar algo a la conversación la diosa.

-Con esas palabras está bien, no es que tuviesemos un protocolo, pero si en algún sitio vas a tener que enfrentarte a esta situación es aquí en el Inframundo -le indicó la difunta- Perdona por ser tan invasiva, pero no pensé en que estarías durmiendo con Hades ya por eso de que pedí a Hipnos que a ser posible fuese antes de la boda, no te juzgo, después de todo yo nunca me casé con él.

-¿Pediste a Hipnos hablar con la futura esposa de Hades? Entiendo que querías asegurarte de que fuese una persona que lo amase y...

-Ah, no, no pedí hablar con la futura esposa. Bueno sí, pero pedí hablar especificamente contigo. Verás, al contrario que él supe desde que eras una niña tu destino. Si tu madre se opone puedes decirle que el mismo oraculo que me lo dijo fue el que le recomendó tu nombre. Por el amor de Gaia, te llamas "portadora de muerte", creo que Deméter no se dio cuenta porque no quiso darse cuenta, le faltó pedir que te llamasen "reina del Inframundo" para que fuese más claro.

Aunque la situación fuese rara en general y hubiese mucha información que asimilar nueva, el hecho de estar en el reino de Hipnos ayudaba. En sueños todo parece tener más sentido del que tiene cuando por fin despertamos.

-Osea que siempre supiste que iba a terminar así, ¿hasta cuando era una niña?

-Cariño, fuiste en gran parte la razón por la que nunca acepté la inmortalidad -al ver la cara aterrada de Perséfone levantó las manos para pedirle paciencia- Oh, no es que me arrastrases a la muerte. Ser un inmortal es duro cuando no se ha nacido para ello, hace falta ser un dios para no estar inmerso en el ciclo de la vida y la muerte sin dejarte llevar por la locura de la soledad, ya de por sí era una decisión difícil. Saber que un día llegarías tu solamente ayudó a tomar la decisión.

-No es que me importa que vengas a verme, pero si ya sabías que sería yo, ¿por qué...?

-Esto es un poco incomodo ya que parece que... En fin, estoy muerta, que más da -le restó importancia- Si hay alguien que debe hablar sin cortapisas ahora soy yo. Sé que Hades es guapo, creeme que no te culparía si te casases con él por su aspecto. También sé que es rico, nadie culparía a una diosa por elegirlo por eso tampoco. Pero quiero estar segura, porque no he podido descansar adecuadamente por ello, de que también le amas como se merece.

Perséfone se quedó callada un momento ordenando sus ideas, le resultó enternecedor y un poco doloroso saber que la muerta que tenía al lado no había podido descansar simplemente por la idea de que su amado encontrase una compañía que le diese algo menos que amor.

-No sé si le amo como se merece, porque se merece el amor más grande que sea capaz de concebirse. Yo lo hago con la plenitud de mi corazón, de una manera dolorosa a veces, pero no sé si soy capaz de darle aun con eso todo lo que él se merece.

Leuce sonrió y puso una de sus fantasmales manos cerca de su rostro, sin llegar a tocarla.

-Lo haces, no puedes imaginarte lo feliz que me haces con ellos. Mi última tarea pendiente está cumplida ya y podré descansar... -miró hacia la ventana más cercana, aunque en el mundo del sueño no fueran a notarse los cambios de luz por el pasar de las horas era un gesto muy humano que hablaba de que tenía que irse.

-Espera, por si te ibas a ir por ello -le interrumpió Perséfone- ¿Cómo supiste que sería yo?

Feliz Navidad a todos! Con este capítulo que parece inspirado en Cuento de Navidad (aunque lleva planeado desde el principio, en teoría iba a ser el capítulo 12 pero se ha alargado un poco muchísimo) espero haceros las fiestas un poco más cálidas.

EscondidaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora