Lo prometido es deuda, hemos llegado a los 100 (aunque como sé que me he pasado he contado también mis respuestas) y justo actualizo. Hasta el... Sábado, sí, el sábado estará bien, creo que el del sábado os va a encantar...
Habían ayudado en la guerra al lado ganador, no tenían porque estar nerviosos. Claro, antes habían servido fielmente a Cronos y quizás eso se tenía en cuenta, no eran fieles a sus hijos desde el principio. Para ninguno de los dioses del Inframundo era una situación cómoda, realmente el reordenamiento del Cosmos estaba siendo un proceso un poco difícil para todos. En el Inframundo tenían el añadido de que su nuevo gobernante era un completo desconocido extranjero. Sabían que era poderoso, no por nada era el hijo mayor de Cronos, pero no lo conocían y ahora sería su rey.
Lo único que había podido controlar un poco a Cronos había sido su esposa, por lo que todos decidieron que casarlo con una diosa local sería buena idea. La elegida para ello era la joven Hécate, era lo bastante inteligente para arreglar todos los desaguisados que el crónida. Obviamente nadie pensó en preguntarle a ella como se sentía.
Y ella entendía el sacrificio. No es que hubiese pensado nunca en casarse ni que le apeteciera, pero entendía que ante la situación de peligro inminente en el que se encontraban muchos de los suyos era la mejor opción. Además, mejor reina con un marido que no amaba que esclava de un rey.
El único problema real que tenía Hécate con ese acuerdo era el pequeño impedimento de que no le gustaban los hombres, al menos ninguno de los que había visto hasta ese momento había movido nada en ella, a diferencia de las mujeres. Lo llevaba en secreto porque sabía que no sería algo aceptable para los demás, aunque en un matrimonio sin amor los sentimientos no importaban de todas formas.
La primera visita su reino por parte del nuevo monarca fue muy rápida, su supuesta futura esposa ni siquiera tuvo tiempo de prepararse, fue totalmente de sorpresa y por motivos más prácticos que por conocer a las gentes que serían sus súbditos. Había ido a visitar las instalaciones y no se había dejado ver, a pesar de eso Hécate conocía los caminos y pudo encontrar a la pequeña comitiva que le acompañaba. El dios en concreto estaba en una de las cavernas más grandes, parecía que estaba comprobando el encierro de los titanes, los demás esperaban fuera.
Una de las diosas que había fuera era la diosa más hermosa que había visto jamás, se cuestionaba que la hubiese podido imaginar de intentarlo. Era más alta que ella, tenía el cabello moreno y rizado más magnifico que hubiese podido imaginar y los ojos como el cielo estrellado. Tan impactada por su belleza se había quedado que fue descubierta de su escondite. No pudo evitar sonrojarse al notar a la bellísima diosa poniendo sus ojos sobre ella y sonriendo, haciendo un gesto para que no tuviera miedo y se acercase.
-Hola pequeña -la voz ronca de la diosa, como la llamada de una amante hizo despejar todas las dudas que Hécate pudiese tener sobre su sexualidad. Definitivamente le gustaban las mujeres- ¿Eres una diosa del Inframundo? Supongo que es así porque no tienes pinta de ser del exterior. Soy Afrodita, ¿quién eres?
Hécate se quedó sin palabras por primera vez y tardó unos segundos en contestar, tratando de recordar a toda prisa quien era y como debía comportarse.
-Me llamo Hécate, mi señora.
-Hécate, encantadora -la miró y sonrió como si compartieran un secreto común y murmuró para si misma- Osea que nos quedamos sin boda...
No tardó mucho en salir el futuro rey del lugar. Desde luego Hécate no pudo negar que era un ejemplar masculino de belleza deslumbrante que podía arrebatar el aliento con facilidad a quien lo viera. También se dio cuenta de que si ese dios no era capaz de despertar nada por ella no había esperanzas para que ningún hombre le atrajera. Entre él y Afrodita existía un parecido más que notable, pero la parte de él no la había dejado anonadada como la de ella.
ESTÁS LEYENDO
Escondida
FantasyCuando el mismísimo Zeus quiere raptar a tu hija la esconderías donde fuese. Incluso en el Inframundo. Deméter pide a Hades ayuda, él acepta porque total, solamente será meter a una cría en los Campos Elíseos, ¿qué problema puede dar la tal Perséfon...
