43. Reinarás sobre todos

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El agua del baño de los aposentos privados de Hades era maravillosa, una veta termal subterránea dirigida en exclusiva para el soberano del submundo. Ahora también estaría en abierto para su amada reina, por supuesto. El tamaño de toda la enorme piscina hacía que hubiese sitio de sobra para ellos dos, incluso para una docena de invitados comodamente, pero aun así la diosa estaba acurrucada encima del cuerpo de su amante, de momento no encontraba sitio que le fuese más grato en el que reposar.

-¿No deberíamos salir y quizás dormir un poco? -le sugirió él después de que ella lanzase un largo bostezo sadisfecho.

-No, solamente un rato, aquí estoy muy bien y no sé que ponerme cuando salga -se quejó y siguió con lo que estaba haciendo, era muy raro que un dios se hiciese una herida que dejase cicatriz, pero Hades tenía unas cuantas, tocó una en el costado derecho- ¿Y esta?

-Puedo llamar a tus doncellas, siguen aquí, y aun tienes cosas en tu habitación en palacio y no es ningún problema conseguir más -como eso no fue suficiente como para que olvidase la pregunta, se vio obligado a contestar- Seguro que quieres conocer la historia de esa... Es más bien un momento de borrachera humillante que una historia de guerra.

Fue como intentar apagar un fuego arrojando broza, si bien no había insistido en las más traumáticas como la de la parte posterior del cuello o la del empeine derecho (ambas de los dientes de Cronos cuando era un niño) no iba a soltarlo pues lo del tema de que era humillante era demasiado jugoso. Aceptó a cambio de que ella aceptase salir ya del baño.

Envuelta en una túnica de Hades muy grande para ella pero muy cómoda se sentó en una silla frente a una enorme pieza de obsidiana pulida como espejo. No había un tocador en la habitación, sería uno de los cambios que haría, normalmente llamaría a una doncella pero se encontró con una ayuda inesperada. Hades se puso a ayudarla peine en mano cuando acabó de acicalar el suyo. Así, mirando como el cabello de su amada dejaba de ser una maraña bajo el trabajo del peine y sus manos combinado empezó a hablar.

-Me lo hizo Dita -ante la cara de incredulidad de Perséfone siguió- Verás, yo no soy el dios con el mayor amor propio del Olimpo. Bueno, si lo fuera teniendo en cuenta que existe Zeus y su ego sería enfermizo, pero ya me entiendes -dio un pequeño tiron al dar con un nudo, pidió perdón mientras seguía- Había terminado ya la Titanomaquía, me acababan de coronar y aun no había mucha gente por aquí y, aunque estaba preparandolo todo para cuando empezase a venir la gente lo cierto es que pasaba mucho tiempo solo con solamente los gritos de los titanes de fondo. Y la soledad muchas veces no es buena. La presión del trono, todo, fue haciendo que me hundiese en dudas. Y un día tuve que ir al Olimpo y las comparaciones con mi reino... -Perséfone fue a protestar, su reino no tenía que envidiar al Olimpo y desde luego él nada que envidiar como soberano a Zeus- Créeme, nos ha costado mucho trabajo que sea como es ahora. El caso es que bebimos y no fui el borracho más alegre y empecé a expresar mis dudas, sobre mis capacidades y al final lo hice de todo, hasta de bueno, mi belleza...

Perséfone seguía un poco escéptica, pero conectó los puntos. La Urania y Hades eran los más parecidos a Urano según todos, lo que hacía que ellos también se pareciesen mutuamente. Y había historias terribles de todo el que se había atrevido a poner en duda la belleza de Afrodita.

-Recuerdo dudar sobre si las reacciones sobre mi eran exageradas y ya era más una broma interna que una realidad y de golpe estaba en el suelo rodeado de mi propio ícor y Afrodita a mi lado con cara de arrepentimiento y a todos a su alrededor con cara de terror -Perséfone contuvo la risa- No te rías, es una titanide y no te imaginas la fuerza que tiene y menos cuando se enfada.

Ante la defensa Perséfone ya no pudo seguir conteniendo la risa por más tiempo, al principio había tratado de contenerse pero al ver que finalmente él la acompañaba no pudo evitar romper a carcajadas hasta que empezó a llorar de la risa. Al final acabó diciendo que esperaba que ningún mortal conociese nunca la historia, ya era algo malo no salir casi en sus historias como para encima si salía fuese como el tenebroso Señor de la Muerte siendo noqueado borracho por la diosa del Amor y la Belleza. Tenía una reputación de temible que mantener.

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