Al principio a Perséfone encontró muy divertido ver el cambio de todas las ninfas que escuchaban sus historias casi con terror habían pasado a preguntar de forma insistente por todos los detalles que se le ocurrían sobre Hades. Había pasado de ser el terrible señor guardián de las almas de los muertos y de cientos de cosas demasiado horribles para ser imaginadas siquiera al atractivo dios de todas las riquezas de la tierra.
Ni todas las historias previas que hubiera podido contar ella sobre su generosidad y su bondad, incluso mostrar sus regalos, habían servido tanto para cambiar la opinión general sobre él como lo había hecho su apariencia. No podía negar que Hera era sabia, las riquezas de Hades servían de atractivo, pero su trasero más. Sonrió un poco al pensar en esa parte en concreto de su anatomía y un poco más el día que Harmonía hizo que se presentase ante ella por accidente con tan solo las partes pudentas cubiertas. Se dijo a si misma que ya habría tiempo para pensar en eso e incluso tocarlo, pero su madre estaba al borde de aparecer por el lugar y no era tiempo de que se la encontrase en un estado que diese lugar a la sospecha de su estado real por recibir a Hades.
Ya había tenido una pequeña pelea con su madre sobre el vestuario para la fiesta. Después de muchos reproches entendió el punto de vista de su madre, no quería que se convirtiese en una posible víctima para dioses lujuriosos. Ella le pudo explicar que el vestuario no podía hacer nada contra dioses lujuriosos, que incluso Atenea había sido atacada vestida con una armadura. La culpa era de la lujuria de los dioses, no de la ropa, y gracias a Hades y al juramento que les había arrancado a todos, tampoco debía temerles. Aún así a su madre no le terminaba de agradar su cambio de imagen, de todas formas tampoco tenía ropas para mantenerlo, por lo que volvía a su estilo normal.
Iba a venir a la hora del almuerzo ya que tenía que atender los primeros juicios, pues los más importantes o difíciles eran los que abrían la sesión, como ella misma ya había podido comprobar, atender las obligaciones y posibles emergencias que pudieran hacer que su reino no funcionase a la perfección habitual. Su madre comentó, mientras repasaba el último informe sobre el crecimiento de las cosechas, que Hades era un maniático del trabajo.
Escuchó de lejos a unos caballos, por un momento pensó en que no podía ser Hades ya que no había escuchado el estruendo previo, aunque como más tarde le explicaría el mismo a veces podía emerger por una de las entradas al Inframundo, aunque el camino era más largo lo compensaba con el hecho de que así no se enteraban todos los dioses de su localización. No es que importase mucho realmente, pero valoraba poder ir libremente sin que todo el mundo lo supiese. Y se supone que el asunto de los poderes nuevos de Perséfone era un tema si no secreto, al menos a tratar con cierta discreción.
Iba vestido bastante normal.
Llevaba una túnica azul celeste, un color que siempre había asociado con la infancia, pero a Perséfone lo último que le parecía era un niño. Al juzgar por el suspiró colectivo no era la única en pensar que estaba favorecido vestido así.
-¿Qué? -le preguntó a Deméter al ver que lo miraba con una expresión rara- Me has pedido discreción, he venido intentando no parecer el Señor del Inframundo de lejos.
-Pareces un erote -le dijo Deméter después de soltar una risita- Eres como el hermano mayor de eros sin alas.
-Ser un hijo de Dita no es nada ofensivo -se cruzó de brazos, aun apoyado en su carro- Además, yo creo que me queda muy bien.
Los dos dioses mayores estallaron en carcajadas que ninguno de los presentes a parte de ellos parecía comprender, como una broma privada. Él se dio la vuelta para sacar bastantes cosas del carruaje, momento que muchas ninfas aprovecharon para ofrecer su ayuda y Perséfone para recrearse la vista en el momento en el que se agachó. Él rechazó la ayuda ofrecida y llevó las cosas hasta donde Deméter le indicaba, allí no podían seguirles, ósea que por primera vez Perséfone les preguntó de que se reían. Ambos se miraron un segundo antes de volver a reírse y Hades por fin empezó a explicarlo.
ESTÁS LEYENDO
Escondida
FantasiCuando el mismísimo Zeus quiere raptar a tu hija la esconderías donde fuese. Incluso en el Inframundo. Deméter pide a Hades ayuda, él acepta porque total, solamente será meter a una cría en los Campos Elíseos, ¿qué problema puede dar la tal Perséfon...
