44. El trono adecuado para la reina

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Hoy es mi cumpleaños, por eso al final del capítulo hay sorpresa.

Las personalidades más importantes de Inframundo se pasaron después de la cena a darles sus felicitaciones, las noticias volaban en el Inframundo. Todos menos Hipnos, pues a esa hora estaba trabajando aunque mandó un mensaje de felicitación, pero incluso su gemelo hizo un alto en el camino para congratularse con las noticias. Tánatos parecía particularmente aliviado al enterarse de la próxima boda.

Con toda la formalidad del mundo Hades acompañó a su prometida junto con sus doncellas a la habitación en la que se había quedado con anterioridad en palacio y la despidió en la puerta con un cariño casto y regio. Sus doncellas la acompañaron y prepararon para dormir, eran diferentes a las de esa tarde y estaban ahí para que pudieran asegurarse de que cuando Deméter fuese a preguntar que había pasado en el Inframundo pudieran testificar que habían dormida en cuartos separados y no se habían visto en toda la noche. Y ellas no vieron nada que no fuera eso, por supuesto. Claro, tampoco es que vieran nada cuando Hades entró, pues lo hizo de forma invisible.

No es que pasase nada que fuese excesivamente reprobable esa noche, de hecho no pasó nada mucho más destacable de lo que ya había pasado hasta en territorios de Deméter. Un par de besos y acto seguido irse a dormir, aunque en esta ocasión lo hicieron abrazados. Para cuando fueron a despertarla se encontraron que la futura reina estaba ya despierta y parecía de un humor excelente y no podía dejar de hablar con ellas. Lo de que fuera para distraer la atención del hecho de que la puerta se abría y cerraba sola dejando escapar a la presencia invisible.

Habían quedado en que subirían al día siguiente para enseñarle un poco los detalles que debía conocer antes de la coronación aunque la razón real era disfrutar de un tiempo juntos antes de que Deméter se metiese al enterarse y los separase, seguramente no tendrían tiempo para estar a solas antes de la boda.

Los juicios esa mañana empezaron un poco más tarde, se les informó de un problema de mobiliario a los que estaban esperando. Y en verdad lo había, pues Hades había enviado el trono que le regaló al palacio de Deméter cuando se fueron de allí y ahora había un espacio menos para sentarse.

-Te dije que si quitabas mi trono de aquí te arrepentirías -le dijo Perséfone con cierto enfado recordando lo que vio al verlo cargado y sentir que se la estaba quitando de encima.

-Tenerlo ahí habría sido un recordatorio de que no estabas conmigo, mi reina –le dijo con sinceridad dándole un beso en la mano.

Además de ser sincero intentaba que la pena al conocer sus sentimientos ablandase la furia de su amada. Y de hecho casi lo consiguió, si no fuera porque ella lo tenía muy presente que cada vez que hablaban del magnífico regalo –cosa que sucedía bastante a menudo, era un trono de buen tamaño hecho de diamantes, llamaba la atención- la que tenía la separación presente era ella.

-Quiero otro entonces –la verdad era que el suave beso había contribuido más a calmarla que a la justificación, pero eso no la hacía olvidar lo demás- Y más bonito.

-¿Lo quieres a juego con el mio? Había pensado que en lugar de ser de diamantes completo  podríamos hacerlo de ébano y añadirle incrustaciones de diamantes y esmeraldas. Por supuesto no puedo hacerlo en un momento y necesito artesanos, pero si prefieres que sea de diamantes como el anterior en lugar de...

-Me parece maravilloso, dos tronos a juego para dos monarcas similares,¿qué hacemos hoy? -preguntó ella.

Obviamente no había tiempo para hacer un trono como el que Hades describía en tan poco tiempo, estaba la opción de hacer algo como el anterior, pero en el fondo Perséfone se sentía demasiado mimada como para encima hacer un trono de esas características para ser desechado cuando viniese el trabajo del definitivo.

EscondidaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora