58. De bodas y sueños

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La diosa de la primavera expresó que nada le gustaría más que pasar toda la tarde en ese lugar con su marido y que nada la haría cambiar de opinión.

-Tenemos que ir a cambiarnos para coronarte, no puedo esperar a presentar a mi reina ante el mundo -eso no pareció ser un argumento muy convincente para la diosa- Además, nos hemos ensuciado y debemos limpiarnos. Si llegamos pronto podríamos estar en la bañera antes de que llegasen tus damas y me echasen de la habitación. Ya sabes, la consumación...

El segundo argumento funcionó sorprendentemente bien. En lugar de dejarla conducir el carruaje, pues los monoceros no eran nada fáciles de manejar y aun estaba falta de experiencia, le dejó algo más raro que un carro. Supuestamente no debería hacerlo, mucho menos si aún no había sido coronada como reina. Claro, tampoco es algo que estuviera previsto aunque ya lo fuera.

Hades invocó al bidente como siempre y sin la más mínima ceremonia se lo entregó a su esposa después de darle unas breves indicaciones de uso. Perséfone sabía que lo que tenía entre las manos era un arma, una reliquia y en general uno de los objetos mágicos más poderosos del Cosmos. Se sintió halagada por la confianza al dejárselo y abrumada y con ganas de gritarle que manejar eso era demasiado a partes iguales.

El agujero de entrada al Inframundo se abrió ante ellos y se colaron limpiamente por él, dejando a su paso una explosión floral. Con la emoción de haberlo conseguido tuvieron que dar la vuelta y parar, ya que se le había olvidado cerrarlo.

-¿Por qué a mi no me salen piedras preciosas al abrir agujeros? ¿Tiene otro truco?

-A ti te salen flores porque canaliza tu poder, no es que el bidente pueda abrir las entradas por si mismo, de hecho a Zeus le cabreó inmensamente no ser capaz de hacerlo y dijo que era un trasto inútil -su rostro dibujó una sonrisa malvada que auguraba diversión- Debemos contarle que has sido capaz de usarlo a la primera.

-Estaré encantada de comentarselo en la fiesta, ¿podré invocarlo entonces? No sé cuando voy a tener los poderes efectivos. No me malinterpretes, lo de ser tu esposa es lo que estaba buscando, pero... ¿El resto?

-Aquí eres la reina reconocida por todos creo que desde que te pedí matrimonio, amor, el resto son los que necesitan la imagen de la corona. Estos días podrías haber venido y ponerte a pasear libremente por el Tártaro y nadie te detendría, más bien te escoltarían. Todo el mundo sabe quien eres. Igualmente, la coronación es esta noche -estaban ya muy cerca de los establos e invocó en casco, no quería pasar el escaso tiempo del que disponían saludando y recibiendo felicitaciones en lugar de recibir un adelanto de la noche de bodas- Ahora le he abierto la puerta a Hera para que haga su parte del plan mientras Dita distrae a mis hermanos. ¿Segura que no te molesta que sea también hoy?

Perséfone negó feliz, de verdad estaba conforme con el plan secreto que habían urdido a espaldas de Zeus. También estaba contenta de saber que mientras se desarrollaba ese plan su propio plan a espadas de Hades seguía y en ese momento solamente tenía que disfrutar del baño con su marido y del divino cuerpo de este.

Mientras tanto en los Campos Elíseos Hera paseaba admirando lo que era descrito como el paraíso para los mortales que dejaban atrás sus vidas después de vivir con justicia. No le había costado mucho escapar de la vigilancia de Zeus, pues sabía los planes que este tenía. Lo único difícil había sido convencerle de que de verdad no quería tener nada que ver en los planes en los que se iba a meter en ese momento. En verdad tenía una enorme curiosidad, pero había prometido a Hades colaborar en eso. Luego le había prometido a la en breves reina del Inframundo colaborar con la sorpresa para su recién estrenado marido. Desde luego Perséfone estaba mostrando un talento y una capacidad para la conspiración muy útiles para una reina.

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