Una nueva guerra entre mortales había estallado y por una vez había arrastrado a dioses con ella. Troya contra la confederación de los pueblos griegos. Como la vez anterior, poco o nada afectó ello en el Inframundo. De hecho estaban más tranquilos de lo común, pues los dioses del exterior se estaban entreteniendo solos y eso siempre daba paz en el Inframundo.
Eso se tradujo en que el nacimiento del tercer príncipe del Inframundo pasó casi inadvertido entre los demás dioses. No es que a Perséfone le ofendiese que los demás no fueran a homenajear a sus hijos, después de todo el enorme barullo que montaron cuando nació Macaria ella misma lo limitó cuando nació Melíone.
El pequeño fue llamado Plouton como su padre, pues manifestó los poderes con los que había nacido, los poderes que tenía antes de verse ligado al Inframundo, por lo que fue llamado Plouton como su título como dios de la riqueza. Hades dijo que así los mortales podrían orar por ello también sin tener el miedo de que él se les apareciese.
Esta declaración hizo que Perséfone llorase mientras lo veía acunar a su hijo. En lugar de querer vengarse por el rechazo se aseguraba de que tuvieran una manera de pedir su bendición mientras le daba un motivo de adoración al pequeño cediéndole su última parcela de culto.
Perséfone sabía que Macaria era adorada por los mortales, representaba la muerte sin sufrimientos, pero no así Melíone. A ella nunca había parecido importarle nada que los mortales la amasen o no, es más, parecía contenta de que la ignorasen.
Vio al padre y a la hija mientras observaban al pequeño durmiendo en su cuna, seguramente creían que ella también dormía por el tono tan bajo en el que hablaban.
-Lo siento tanto Mel, por mi culpa no tienes la adoración que te mereces, he intentado que a él no le ocurra -parecía haber autentico dolor en su tono, su normalmente fría hija lo miró sorprendida- A veces pienso que por mi culpa y mis actos sin pensar acabé condenando a mis futuros hijos, si no hubiese aceptado sin más ser el señor del Inframundo...
-No quiero la adoración de mortales, padre. Realmente disfruto más con su temor –se la notaba sincera- Pero aunque no lo hiciera no se me ocurriría culparte, no se me ocurre nada peor que mis tíos gobernando esto, los titanes se habrían escapado y dejarían mis paseos nocturnos en un sueño maravilloso. A mi me da igual, a Cari la adoran y a este pequeñajo lo van a querer. Es imposible no quererlo, y eso que aun no hace nada.
Perséfone sonrió sin dejar de hacerse la dormida, la gente encontraba a Mel terrorífica, pero ahí agachada junto a su padre mirando con adoración a su hermanito solamente podía resultar encantadora. Melíone era como la tierra que la había visto nacer, hostil para los vivos, terrorífica incluso pero con un paraíso en su interior cuando uno la conocía y se paraba a mirar su belleza.
Al final de tanto hacerse la dormida acabo durmiendo de verdad aun con la sonrisa en el rostro. Cuando se casó lo hizo profundamente enamorada, pero verlo tratar a sus hijas solamente la hacían enamorarse más y más de él a diario. Quizás, pensó fugazmente antes de dormir, el hecho de que Zeus y Hera no fuesen buenos padres era parte de lo que hacía que su matrimonio se destruyese cada día mientras que la complicada relación de Afrodita y Ares funcionaba como la seda pese a la dificultad de la misma. Ser padres era difícil, pero si no se ponía ni un poco de voluntad en ello era veneno para una relación al contrario de lo que se solía pensar.
El pequeño Plouton creció poco a poco, como todos los dioses, mientras fuera se dedicaban a guerrear todos contra todos. Normalmente en primavera Perséfone solía quedarse muchas noches en las tierras de su madre, pero durante esos años incluso su madre estaba de acuerdo en bajar ella misma al Inframundo después de acabar su jornada. Tampoco quería alejar a su hija de su nieto tan pequeño y menos hacer que esta lo llevase en una situación de guerra entre dioses.
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Escondida
FantasíaCuando el mismísimo Zeus quiere raptar a tu hija la esconderías donde fuese. Incluso en el Inframundo. Deméter pide a Hades ayuda, él acepta porque total, solamente será meter a una cría en los Campos Elíseos, ¿qué problema puede dar la tal Perséfon...
