29.1 Creo que me gustas.

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Mat.

Estar en casa de mi amigo se me hacía un poco extraño. No era que no tuviéramos la confianza necesaria para estar en la casa del otro sin que ellos estuvieran por allí rondando.

Aunque no era extraño estar por allí, si me sentía algo incómodo. No habían pasado ni cuarenta y ocho horas desde que habíamos tenido ese pequeño encuentro sexual y ya estaba en el mismo lugar en el que lo hice gemir y en el que me hizo gemir.

Su cuarto aun me recordaba todo lo que había podido pasar, pero que en el preciso momento en el que quería que todo empezara, fuimos interrumpidos por mi queridísimo amigo. Juro que en ese momento lo quise matar.

De todas maneras, estaba seguro de que sentía algo bastante fuerte por él, me atraía mucho su personalidad, su forma de ser conmigo, su cuerpo, aunque no el mejor, me causaba un poco de excitación, sus besos me llevaron al cielo y sus manos en mi cuerpo me enseñaron que podía sentir placer y no solo con mi miembro.

En un principio solo quería tener una noche de pasión con él. Pero después de haber dormido unas cuantas horas y pensar en toda la situación sentía que, con una sola noche, mi cuerpo y mi alma no estarían satisfechos por completo.

Y ahora que había pasado todo esto, tenía pensado hablar con él frente a frente, pero salió huyendo a casa de sus padres y no habíamos podido hablar del asunto. Para cerrar con broche de oro todo el caos de ese día sus mensajes estilo "chico malo", me habían enseñado que el pequeño Demian no era tan manejable e inocente como parecía. Esa actitud me había dejado un poco sorprendido. Quizás también fuera esa la razón de venir a su casa hoy.

En todos mis años de vida, nunca había recibido un trato como el que él me había dado.

Me sentí un poco usado, como sí solo fuera un pedazo de carne, aunque para ser sincero, también me había gustado esa actitud de cabrón que había tenido todo ese domingo, era un cambio super grande, por lo general es bastante santurrón, pero con sus mensajes fue un poco impactante.

Me había quitado los zapatos, me acosté en su cama y me estiré cuan largo era en el centro de su lecho. La última vez que había estado en ese mismo sitio la situación era muy diferente a la de ese día.

Su olor estaba impregnado en todo el lugar, esa esencia tan característica de él, me ponía un poco los pelos de punta y me hacía imaginar muchas situaciones,

Solo lamentaba que él no estuviera allí conmigo, a mi lado, abrazándome por la espalda, mientras su respiración golpeaba mi nuca. Mi miembro estaba completamente duro, pero lo ignoré, no quería terminar masturbándome en su cama y sin él.

Decidí levantarme de la cama antes de que terminara con las manos en la masa. Comencé a caminar por la habitación, mirando todo lo que había en su cuarto, las fotos de su familia puestas sobre sus mesitas de noche, la silla que había en un rincón llena de ropa sucia que se desmoronaba, el armario estaba completamente desordenado, tenía más ropa en el piso de madera que en los ganchos o doblada y puesta en los cajones.

Su habitación era un desastre, como él, todo estaba desordenado, excepto su escritorio, en la mesa estaba puesta su laptop cerrada, justo a su lado estaban algunos de sus agendas y en una esquina había un pisapapeles con varias plumas dentro de él. Me parecía extraño que tuviera todo tan ordenado en ese lugar y tuviera el resto de la habitación hecha un desastre.

Ingresé al cuarto de baño de su habitación y era muy parecido a su habitación, todo estaba hecho un desastre, tal vez fuera por que no había llegado la camarera que le hacía el aseo o por que mi amigo era un desordenado sin remedio.

Me and My Broken Heart.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora