Kaleb
Era sábado, no tenía clase en la universidad y todo lo que tenía por delante durante todo el día, era estar en casa con Roxana viendo películas o jugando con ella. Era la idea de un día perfecto hecho realidad, la visión de una perspectiva espectacular y me sentía demasiado animado solo con eso.
Mi hija era la única razón por la que no caí en ningún tipo de adicción, cuando Sofia murió. Rox era la luz de mis ojos y era por quien me despertaba cada mañana y me levantaba de la cama y poner los pies sobre la tierra.
Desperté muy temprano en la mañana, con una muy evidente erección matutina. Después de estirarme en la cama y de ignorar lo que estaba entre mis piernas, corrí al baño y me metí debajo de la ducha de agua fría, para bajar la hinchazón.
Estando debajo del agua recordé todo lo que había sucedido la noche anterior, cuando llamé a Demian, no podía creer que, a pesar de mis esfuerzos por ser gentil y amigable, él muy cretino me trato de la peor forma posible.
—¿Qué se cree ese pequeño idiota? A mí nadie me tira el teléfono —en todos mis años de vida, jamás había sucedido eso.
Debo reconocer que, no fui tan bueno como pienso que lo fui. No se por que razón lo trato mal y me intento imponer sobre él siempre que estamos juntos o hablamos, aunque sea por teléfono.
—Y... ¿quién es el otro pendejo que le dice baby? —lancé el teléfono contra la cama y grité de frustración.
¿Y ahora que me pasa a mí? La vida personal de Demian no me interesaba en lo más mínimo, él podía hacer todo lo que le diera la gana y a mi no tendría por qué importarme.
—Brillantes mentiras te dices a ti mismo —me quejé en voz alta.
Cerré el grifo de agua y salí de la cabina de la ducha, tomé una toalla de dentro del armario que tenía en el baño. Comencé a secar mi cuerpo con esmero y salí al cuarto, para buscar ropa cómoda para ponerme. Miré el reloj que tenía sobre la mesita de noche y aún era demasiado temprano y mi hija debía de estar dormida por unas cuantas horas más.
Decidí colocarme ropa deportiva y salir a correr por unos cuantos kilómetros, así quemaba algunas calorías, energía y dejaba de pensar en tantas estupideces que me estaban matando las últimas neuronas que tenia funcionando.
Tomé las llaves de la casa, mi teléfono y unos auriculares. Busqué en el reproductor de música una lista con melodías alegres y salí de casa.
Cerca de donde mi tío tenía su hermosa mansión había un lago bastante grande y alrededor de este había un sendero que era usada por los habitantes de la zona para hacer ejercicio.
Dejé que la música inundara mi cabeza y solo me concentré en respirar regularmente. Solo estar al aire libre, respirar el aire puro, el ardor en los músculos de las piernas, la sed por el esfuerzo realizado, el calor del sol en el rostro y el trino de las aves a mi alrededor; solo eso necesitaba para comenzar a pensar con claridad otra vez y dejar el tema de Demian atrás.
Después de cerca de dos horas, decidí regresar a casa, mi estomago ya comenzaba a protestar por el hambre.
Al ingresar a la casa, lo primero que escuché fueron las risas de mi hija, que venían desde la cocina y hacía allí me dirigí, para encontrarla sentada en uno de los bancos del desayunador, con María al lado de ella y mi tía al otro lado. Ambas tenían unos platos profundos en los que al parecer tenían cereal.
Entré en la habitación con pasos lentos y silenciosos y estando justo detrás de mi hija, la abracé por la espalda, ella dio un pequeño salto en la silla y gritó asustada, pero al darse cuenta que era yo, tomó la cuchara de su plato y pegó en la cabeza con ella.
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Me and My Broken Heart.
Romance¿Como se puede definir el amor? Y ¿el desamor? Demian es un hombre de familia que fue criado con los mejores valores y con las más altas espectativas frente a la sociedad y lo que él podía hacer para servirle al resto de mundo. Siempre ha querido se...