29. Una visita inesperada.

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Kaleb.

Después de haber quedado sin aire por la respuesta de Ámbar, salí de la cafetería y me dirigí a mi auto. Lo había dejado estacionado a las afueras de la universidad. Me senté detrás del volante, dispuesto a arrancar, pero había algo que me impedía salir de allí, no sabía que era, pero no podía irme del campus.

Por mi cabeza corría el nombre de Demian, me sentía mareado y un poco extrañado que un tipo, pudiera causar todo este revolcón en mi vida diaria. Era inaudito que alguien del que solo conocía unas cuantas cosas se estuviera volviendo tan importante para mí.

Ni siquiera con Sofia había sentido tanta frustración por no verla durante unos cuantos días, pero ahora con él me sentía avasallado por los fuertes sentimientos que me estaban envolviendo. Tenía mucha ira contra Demian, por haber faltado a la universidad. No hace mucho había faltado toda una semana entera. Ese día estaba completamente preparado para enfrentarlo por todo lo que estaba pasando con él y su actitud, pero el señor había decidido faltar también.

—¿Que te está pasando Kaleb? —me pregunté en voz alta.

Esta situación me estaba empujando a pensamientos y situaciones que no quería tener en mi vida. Siempre me había considerado completamente heterosexual, nunca había tenido ni la más mínima curiosidad por un hombre y que en ese punto de mi vida me estuviera sucediendo eso, me dejaba bastante descentrado.

El sonido del claxon de otro auto, me devolvió a la realidad y me percaté de que ni siquiera había encendido el auto. Miré la hora en el reloj que llevaba en la muñeca y me di cuenta que llevaba mucho tiempo sentado al volante.

La siguiente materia que tenía en el horario no tenía que asistir, solo que me gustaba estar en esa clase para refrescar conocimientos, pero con mi estado mental tan activo en ese momento no me permitiría prestar atención a las explicaciones del maestro y eso me perjudicaría un poco.

Roxana aún no había terminado sus clases, así que ir a casa serpia una pérdida de tiempo. Tampoco tenía deseos de hacer ejercicio, aunque el desgaste físico me ayudaría a descansar mejor en la noche.

Decidí quedarme en mi auto, sin hacer nada, sin moverme a ningún sitio, con el motor apagado y en un silencio total. Esperaba que el tedio me venciera y me quedara dormido o por lo menos se me ocurriera una idea mejor para pasar el tiempo.

Al mirar de nuevo mi muñeca me di cuenta que habían pasado dos horas de tiempo, la verdad es que ni siquiera me percaté de que el tiempo hubiera pasado tan rápido.

Al mirar a la entrada de la universidad, me percaté de que el grupo de amigos de Demian estaban saliendo rumbo al estacionamiento, una idea descabellada cruzo por mi mente y pensé que quizás alguno de ellos se dirigiera a la casa de Demian aquel día. Solo que había cuatro diferentes oportunidades de adivina cuál de ellos lo haría.

—¿Cuál de ellos será? —me pregunté en voz alta.

Por alguna extraña razón, la intuición me sugirió seguir al chico alto. Si había aprendido algo durante todos mis años de vida, era que siempre debía hacerles caso a mis energías y en aquel día me señalaban ese camino.

Los vi despedirse junto a un bonito auto en el que se subieron Ámbar y Matías, mientras que Carlos y Luisa seguían caminando hasta perderse al doblar en una esquina.

El auto salió del estacionamiento y pasó por delante del mío, en ese momento puse en marcha el plan y dejando que se alejaran un poco antes de seguirlos. Matías iba en el volante, mientras que su amiga estaba sentada en el lado del copiloto.

Al llegar a la avenida que cruzaba por un costado de la universidad doblaron hacía el norte, me apresuré a seguirlos antes de que el semáforo cambiara de color y los perdiera de vista.

Me and My Broken Heart.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora